Bienvenidos a la sección de Relatos, llamada Las Correrías de Puta Sexy y el Cornudo. Cuando pensamos en agregar esta sección, consideramos publicar historias ficticias, muy picosas, que agradaran a nuestros visitantes; sin embargo, decidimos no hacerlo y, en su lugar, entregar a todos los lectores anécdotas reales que nos han pasado en los pocos años que tenemos en este ambiente. Por lo tanto, puede ser que los relatos no sean tan imaginativos como se quisiera, pero aclaramos que son absolutamente verídicos y que no se ha agregado ni una coma a lo que sucedió en realidad. Esperamos que lo disfrutes y nos digas qué te parecen en nuestra sección... "Haz un Comentario".
Nota: Para facilitar la lectura, todos los relatos se presentan desde el más reciente al más antiguo. Si quieres leérlos todos o no has leído ninguno, te recomendamos empezar de abajo hacia arriba.
Pago la renta con las Nalgas...
Puta Sexy
Éste es quizá el Relato más excitante y depravado de todos los que he escrito hasta ahora; todo lo que se plantea aquí es absolutamente real, y cuenta la manera en la que dejé de pagar con dinero el alquiler de mi casa, para pagar con el Culo al casero.
Luego de convertirme en la Puta del conserje de mi oficina, seguí dándole las Nalgas ocasionalmente; me encantaba la situación en la que él creía que me tenía dominada sexualmente, guardándome el secreto de que también era la Perra de Enrique, el jefe de la oficina. Cuando llegaba temprano y no había nadie en la empresa, Don Abel me besaba descaradamente en la boca y me tocaba las Nalgas; a veces, hasta me acompañaba a mi escritorio sin dejar de manosearme.
Me había convertido en la Zorra del conserje y del dueño de la empresa; vivía muy satisfecha con mi vida sexual y me calentaba mucho que, tanto en la empresa donde trabajo, como en la zona donde vivo, todos me consideren una Nalga fácil, una Piruja que se las da a cualquiera; seguía vistiéndome provocativamente y me excitaba ser objeto de las miradas más lujuriosas y de los “piropos” más calientes. Me encantaba (y me sigue encantando) que los hombres se atrevieran a decirme tantas cerdadas, sabiendo que una mujer como yo las apreciaría y agradecería en vez de ofenderse. Por ejemplo, me encanta ir al mercado que está cerca de mi casa a comprar cosas, pues los comerciantes me chiflan, me dicen vulgaridades y hasta me manosean por los pasillos. Todos ya me conocen y saben que soy una Cualquiera, a la que le fascina que la traten como tal.
En una ocasión, mi esposo me llevó a un cine porno que está en el centro de la Ciudad de México; era la mañana de un sábado y estábamos un poco aburridos, por lo que su propuesta de asistir a un lugar así me encendió de inmediato. Jamás había ido a un cine porno y no sabía lo que me esperaba, pero el Cornudo de mi marido me sugirió que me vistiera muy ligera de ropa, con prendas lo suficientemente accesibles para quitarlas rápidamente o con las que cualquiera pudiera meterme mano. Me puse un vestido rojo muy suelto y corto, que llegaba apenas por encima de las Nalgas, de esos que al caminar dejan asomar un poco de las Pompas al moverse de un lado a otro. No era apretado, sino muy suelto, como si fuera una camiseta un poco más larga de lo normal; del pecho era bastante escotado y se detenía con unos tirantes, además de que la tela era una especie de gasa con la que se transparentaba levemente mi cuerpo; obviamente, sólo me puse unos zapatos de tacón rojos y nada más, por lo que mis Nalgas y pepa desnudas estaban al alcance con sólo meter la mano por debajo del vestido.
Cuando mi esposo me vio, sonrió y me dijo: “Te ves Putísima”. Ya sabía que eso significaba su aprobación, por lo que me halagó y salimos rumbo al cine; me dirigí al coche, pero el Cornudo tenía otros planes: su idea era que nos fuéramos en el Metro, algo que ya habíamos hecho en otras ocasiones y que resultaba muy excitante; sin embargo, en esta ocasión me parecía muy atrevido, ya que siempre que nos subíamos al Metro o a otro transporte público, aunque iba vestida sexy, nunca lo había hecho tan evidentemente ofrecida como ese día. Le dije que el vestido era demasiado atrevido como para subirnos al Metro, pues el Culo se me asomaba con sólo caminar y además era semi transparente, con lo que el tono más oscuro de los pezones se adivinaba fácilmente, así como el vello de la panocha y la raya de las Nalgas. Yo pensaba que nos iríamos en el auto, por lo que prácticamente sólo me mostraría así en el cine y en las pocas calles que caminaríamos, pero el Metro ya era demasiado. A pesar de mi preocupación, el Cornudo contestó:
- ¿Por qué? A mí me parece que te ves deliciosa…
- Sí, pero se me ve todo…
- Pues de eso se trata, de que todos vean que eres una Puta.
- Sí, pero así ya resulta muy evidente…
- ¿Y qué puede pasar? ¿Qué te manoseen en el Metro? ¿Qué te digan la clase de Ramera que eres? No será la primera vez, además eso es lo que vamos buscando, ¿no?
Yo tenía una mezcla entre excitación y nerviosismo, pero decidí aceptar y nos lanzamos a la aventura. Nos dirigimos al Cine Teresa, en el que proyectan películas porno todo el día y una estación del Metro está justamente frente al lugar. Salimos de la casa y caminamos varias cuadras antes de llegar al Metro más cercano; en el camino, los transeúntes me miraban de arriba abajo y después de pasar a nuestro lado, hasta se volteaban para ver bien el movimiento de mis Nalgas; el vestido se movía mucho de un lado a otro y en cada vaivén, casi la mitad de una Nalga se asomaba y, si no hubiera ido tomada de la mano de mi esposo, hubiera parecido que estaba taloneando. Desde los coches que pasaban a nuestro lado, tal vez por la seguridad que les daba poder alejarse rápidamente, me dijeron cualquier cantidad de vulgaridades, ignorando a mi marido quien, a su vez, hacía como si no pasara nada. Yo podía ver las sonrisas lujuriosas de los hombres con quienes nos cruzábamos y eso me calentaba mucho, y más ante la actitud nuestra que proyectaba como si no pasara nada.
Llegamos al Metro y mi esposo me pidió que comprara los boletos; me acerqué a la ventanilla, los pedí, mientras tanto el Cornudo de atrevió a sobarme el Culo levantándome el vestido, dejando todas las Nalgas al descubierto; yo sabía que había mucha gente y que, incluso, un señor estaba parado detrás de mi para comprar su boleto, pero no me volví para ver lo que pasaba, sólo sentía el vestido subido hasta la cintura y la mano de mi marido recorriéndome las Nalgas. Me di cuenta de que el hombre que permanecía detrás de nosotros presenció totalmente la escena, cuando caminamos hacia los torniquetes y, sin importarle que viniera acompañada, me dijo: “Adiós, preciosa; qué ricas Nalgas tienes”.
En otra circunstancia, yo hubiera sonreído ante el piropo atrevido de tal sujeto, pero iba tan nerviosa que ni siquiera lo miré y seguí caminando hacia los andenes; mi esposo sonreía al ver que casi todos me veían con deseo y me tomó por la cintura hasta que llegamos a esperar que llegara el tren. Casi no había gente en el andén, pero cinco o seis caballeros que estaban repartidos por todo el pasillo se acercaron a nosotros, quedándose cerca, lo que hubiera parecido ilógico, pues sólo una señora estaba al otro extremo y siete u ocho personas, incluyendo al Cornudo y a mí, permanecían juntas como si no hubiera espacio; incluso, uno de ellos alcanzaba a rozar mi pierna con su mano, de tan cerca que se paró a mi lado. Y digo que hubiera resultado ilógico, si no hubiera sido porque yo estaba casi encuerada en medio de esa media docena de hombres.
Al poco rato, llegó el tren al andén y, al pasar, motivó una ráfaga de viento que levantó por completo el vestido, dejando mi Culo y pucha a la vista de todos; antes de que llegara el tren, los seis hombres que permanecían cerca de nosotros me miraban firme pero discretamente, pero al ver claramente que no traía ropa interior y que me había atrevido a portar un vestido tan ligero, se dieron cuenta de que me estaba ofreciendo; además, cuando el viento levantó mi vestido, no hice absolutamente nada para impedirlo, por lo que fueron unos treinta segundos en los que mis Nalgas se exhibieron a quienes las quisieran ver.
Eran aproximadamente las 12:00 del día cuando entramos al vagón, que estaba a la mitad de su ocupación, y caminamos hacia un área en la que predominaban los hombres; los cinco o seis machos que entraron con nosotros nos siguieron descaradamente y, a pesar de que había suficiente lugar para que me sentara, no lo hice, quedándome de pie junto a un asiento individual vacío y agarrándome de uno de los tubos para no caer ante el movimiento del tren; de inmediato, uno de los hombres que esperaban con nosotros en el andén se sentó en el asiento vacío, mientras los otros nos rodearon viéndome, ahora sí, con total desfachatez hacia las tetas y las piernas.
Una de las puertas que no se abrían por estar frente a las que daban salida a los viajeros me servía para recargarme y el Cornudo se paró a mi lado y no frente a mí, para permitir que los demás caballeros me observaran a placer; unas diez estaciones nos separaban de nuestro destino y yo decidí voltearme para ver por la puerta que tenía a mis espaldas y darles una vista de mi Culo, apenas cubierto por la parte baja del vestido; incluso, me empiné un poco, pues sabía que así se me vería un poquito de la parte baja de las Nalgas, ofreciéndome descaradamente. Casi de manera simultanea, uno se repegó en mis Nalgas, poniéndome su Pene parado en medio de ellas, mientras que el hombre que venía sentado en el asiento individual me sorprendió al comenzar a acariciar una de mis pantorrillas.
La escena era absurda, pues el vagón permanecía a la mitad de su capacidad, aun con asientos desocupados, mientras un grupo de diez o doce personas se aglutinaba a mi alrededor. El que me ponía el pene entre las Nalgas, que se podía adivinar totalmente erecto bajo la tela de su pantalón, aprovechaba el movimiento del tren para hacérmelo sentir, y la mano del que venía sentado poco a poco fue subiendo hasta acariciarme los muslos. Yo estaba muy caliente y abrí levemente las piernas, lo que el portador de aquella mano interpretó como una invitación para subir más, pues en pocos segundos ya me acariciaba toda la panocha.
Los demás vieron que me dejaba fajar sin poner un solo reparo y uno se animó a tocarme una teta, sacándola del vestido, mientras mi esposo veía como manoseaban a su mujer en su presencia. Al poco rato, ya eran muchas manos las que tocaban todo mi cuerpo e, incluso, me decían obscenidades al oído; yo sentía los dedos de tres o cuatro machos penetrando mi Culo y mi cuca, las dos tetas las tenía de fuera, una cubierta por una mano y la otra con unos labios succionando mi pezón. El que se paró detrás de mí ya tenía la Verga de fuera y, luego de levantarme el vestido hasta la cintura, me la restregaba en la raya de mis Nalgas. Me excité muchísimo, por lo que comencé a besarlos a todos en la boca mientras me daban placer y, cuando el que estaba detrás de mí se acomodaba para metérmela, me di la vuelta impedírselo, pues no traía preservativo y tiernamente le dije que no lo haría sin condón; pero mi sorpresa fue mayúscula al ver que, cuando buscaba en su cartera uno sin éxito, otro de los que nos rodeaban le regaló uno, mismo que se puso casi de inmediato.
La gente del otro extremo del vagón poco podía ver de lo que pasaba a mi alrededor, pues los mismos hombres que me agasajaban impedían que se viera lo que pasaba; sin embargo, seguro que adivinaban que se trataba de algo fuera de lo común, pues eran muchos replegados en ese extremo, tantos que la puerta de acceso a esa área ya no permitía que nadie más subiera, por lo que la gente accesaba por otras puertas sin dejar de extrañarse por la situación. Al ver a aquel hombre colocarse el preservativo, me di la vuelta nuevamente, dándole las Nalgas para que me penetrara y sintiendo las manos de varios subirme el vestido y magrearme el Culo, cuando empezó a cogerme en pleno vagón del Metro con cerca de 20 hombres alrededor. Yo misma no podía creer lo que estaba haciendo, pero me empiné para que me entrara mejor y sentí esa deliciosa Verga hundirse en mi vagina; mi marido me tomaba de la mano para sostenerme y yo gemía sin pudor ante las embestidas de aquel delicioso Palo.
Llegamos a nuestro destino y, aunque no me querían dejar bajar, tuvieron que hacerse a un lado para que el Cornudo y yo saliéramos de aquel vagón, no sin antes pasar por todas esas manos que me tocaban por última vez en las Nalgas, pepa y tetas; de hecho, uno de ellos, en su desesperación por acariciarme el Culo, me arrancó prácticamente toda la parte a atrás del vestido, quedándose con un pedazo de tela bastante grande y dejándome con las Nalgas al aire, pues sólo una pequeña tira unía el vestido a la altura de la espalda. Aun así, bajé del vagón tratando sin éxito de unir el vestido en la parte de atrás pues, al ser una prenda tan pequeña, era imposible cubrirme las Pompas; mi esposo decidió caminar detrás de mí, para que no fuera tan evidente y salimos a la calle. Aunque el Cornudo me tapaba las Nalgas con su cuerpo, era demasiado escandalosa mi desnudez, tanto que un policía del Metro nos preguntó si pasaba algo; le dijimos que me habían arrancado el vestido en el trayecto y él, sin poner demasiada atención en la explicación, me miraba las Nalgas desnudas con evidente lujuria. Me preguntó por qué no traía calzones y pensé en decirle que también me los habían arrancado, pero simplemente le respondí que nunca usaba. Masculló algo como un regaño, que se veía ridículo y contrastante, ante la mirada de deseo que evidenciaba su lujuria, pero al final nos retiramos buscando un taxi, pues decidimos que no había las condiciones para ir al cine porno.
En la calle la gente nos observaba como bichos raros, pues mi marido se alejó de mi espalda al tratar de parar un taxi y yo ya no hice ningún esfuerzo por tratar de cubrirme el Culo, por lo que estaba parada ahí, a mitad de la calle, con las Nalgas expuestas a quien las quisiera ver. Algunos hombres empezaron a arremolinarse, uno me preguntó que cuánto cobraba, una señora me gritó: “Puta descarada”, totalmente indignada y otro me tocaba las Nalgas sin pudor alguno, mientras los demás me observaban con lujuria. Ya se estaba formando un escándalo cuando, afortunadamente, se paró un taxi y nos subimos.
Al verme semi encuerada, el taxista nos preguntó si íbamos a algún hotel, pero sin dar más explicaciones le indicamos que nos llevara de regreso a nuestro rumbo, aunque a mi esposo le divirtió que el chofer pensara que era yo una prostituta, por lo que no lo desmintió y empezaron a platicar cuando el taxista le dijo:
- Por aquí hay hoteles muy cómodos, joven.
- Sí, lo sé, pero a mí me gusta hacerlo en mi casa…
- Claro; lo que pasa es que vamos a tardar más de media hora en llegar y, si hay tráfico, hasta una hora -, yo no entendía la preocupación del chofer por el tiempo, pero con la respuesta de mi esposo me di cuenta a lo que se refería:
- Le pagué por tres horas a esta hermosura, así que creo que tenemos tiempo de sobra.
- ¡Uy!, pues entonces no hay problema, aunque le va a salir un poco caro, ¿no, jefe? Se ve que es de las caras.
- Pues sí, un poco, pero a poco no vale la pena…
- No, pues sí. Eso que ni qué. Por cierto, ¿le puedo hacer una pregunta indiscreta?
- Adelante…
- ¿Por qué la trae medio desnuda? Te ves muy rica, mamacita, pero es raro…
- Lo que pasa es que empezamos a fajar antes de tomar el taxi y le rasgué el vestido.
Al poco tiempo, llegamos a nuestra casa; yo no había intervenido en la plática, más que con dos o tres monosílabos, pero estaba súper caliente por lo que había pasado en el Metro, por la situación tan degenerada de estar parada en medio de la calle con las Pompas de fuera y acabó de calentarme el que el taxista me confundiera con una prostituta y hasta me dijera dos o tres cosas sexuales; de hecho, cuando mi esposo le comentaba que estaba yo muy buena, lo invitó a que me viera la panocha, por lo que me levantó el vestido y el aprovecho para verme toda la pepa mientras estábamos parados en un semáforo, pero no pasó de ahí y de sentir su mano en el Culo cuando me bajé del taxi detrás de mi marido, apresurándonos a entrar a la casa, pues varios vecinos, aunque ya conocían mi fama de Puta, nos miraron extrañados al verme caminar con el Culo al aire.
Entramos a la casa y yo estaba un poco de mal humor, pues esperaba más diversión en el cine porno; me senté en la sala sin preocuparme por quitarme el vestido desgarrado y mi marido comenzó a besarme, cuando sonó el timbre de la puerta. Desde la experiencia con el gasero, nos excitaba mucho que yo abriera la puerta medio encuerada y lo más cachondo era hacerlo cuando no sabíamos de quién se trataba, por lo que mi marido me pidió que me levantara a abrir así como estaba, con un vestido que parecía más un delantal que dejaba la parte de atrás completamente descubierta, pensando que podría ser algún vecino que se animó al verme entrar mostrando las Nalgas, pero no… se trataba de el casero, que nos rentaba la casa.
El ingeniero Zárate era dueño de varias casas contiguas a la nuestra y se trataba de una persona muy amable, aunque desde que nos rentó pude darme cuenta de que yo le gustaba; siempre que iba a cobrar la renta me miraba descaradamente las Nalgas y las tetas, y como yo siempre ando ligera de ropa, frecuentemente le daba excelentes vistas de mi cuerpo, aunque nunca me había visto más allá de ropa transparente y faldas muy cortas. Siempre se portaba muy amable y hasta chistoso cuando no estaba mi marido y, en más de una ocasión, me había sugerido cosas sexuales, sin llegar a decirlo abiertamente. Yo siempre le daba por su lado y sonreía ante lo que me decía, pero sin llegar más allá.
No obstante, esa tarde estaba demasiado caliente y dispuesta a todo, por lo que al verlo por la mirilla me alegró que hubiera llegado. Se trata de un hombre calvo de más de 50 años, atractivo pero sin llegar a fascinarme, de tez blanca y ojos claros. Abrí la puerta así como estaba y de frente, aunque el mismo vestido era lo suficientemente atrevido para llamar la atención, no se adivinaba que tuviera las Nalgas de fuera y mucho menos sin tanga ni nada.
- ¡Qué milagro, ingeniero! ¿A qué debemos el honor?
- Buenas tardes, preciosa; lo que pasa es que me voy de viaje dos semanas y como se cruza el pago de la renta, quería ver si ya la tenían para recogerla, aunque no hay problema… Si no tienen el dinero, me lo dan cuando regrese.
- Pásele, ingeniero. Mi esposo está en la sala y le va a dar mucho gusto saludarlo.
Cerré la puerta, una vez que había pasado, y como si estuviera completamente vestida, caminé delante de él dándole una vista completa de mi Culo totalmente desnudo. Lo que no me esperaba es que el casero quedara como petrificado, pues no se movió cuando comencé a caminar mostrándole las Nalgas; por lo que me detuve y le dije:
- ¿Qué pasó, ingeniero? ¿No viene?
- ¿Estás sola? Dices que en la sala está tu esposo…
- Sí, ahí está, ¿por?
- Es que… bueno. No, nada, vamos…
Continué caminando con el casero detrás de mí, viéndome todas las Nalgas, actuando como si estuviera completamente vestida y, aunque la situación era sumamente erótica, me comportaba como si todo fuera perfectamente normal. El ingeniero Zárate no despegaba los ojos de mi Culo, aunque se veía evidentemente sonrojado; mi esposo lo recibió estrechándole la mano y lo invitó a sentarse ofreciéndole algo de tomar, comportándose también como si su esposa estuviera normalmente vestida; él se notaba desconcertado, como si se tratara de una broma o de algo que no entendía bien a bien por qué estaba sucediendo, y más extrañado estaba al ver nuestra actitud de total normalidad, pero no dijo nada al respecto, como esperando una explicación que no llegaba de nuestra parte.
El casero aceptó el ofrecimiento de la bebida, pidiendo un brandy, por lo que me dispuse a servir tres bebidas de la cantina que tenemos en la esquina de la sala; al darles la espalda, tanto al ingeniero como a mi esposo, mis Nalgas desnudas quedaban expuestas a la vista de ambos y, mientras mi esposo seguía conversando con el casero, este último pasaba su mirada de mi esposo atendiendo a la conversación, al Culo que le mostraba yo generosamente. Incluso, exclamó un “¡Uy!”, cuando me empiné a tomar los vasos que estaban en la parte baja de la cantina, permitiendo apreciar mi Ojete en todo su esplendor. Ante esa exclamación, mi esposo, divertido, le preguntó:
- ¿Todo bien, ingeniero?
- Sí, muy bien… demasiado bien.
Me acerqué a entregar las bebidas, pero antes, un poco para continuar con la diversión y otro poco para provocar algo más, ya que estaba muy caliente, me saqué una teta del vestido, por lo que no sólo tenía la Cola de fuera, sino que también asomaba uno de mis senos por encima de la tela. Me agaché para entregarle su vaso al ingeniero y mi pezón quedó a unos cuantos milímetros de su cara que, para ese entonces, estaba completamente enrojecida; él le dio un sorbo a su trago y ya no me quitó la vista de encima, cediendo a su excitación, sin importarle que su mirada fuera directamente a mis tetas o a mis Nalgas. Me senté junto a mi esposo, quien pasó una mano por encima de mis hombros y empezó a acariciarme la teta que traía de fuera, lo que dejaba claro para el casero que mi semi desnudez no se debía a un descuido, sino a algo de lo que mi esposo y yo estábamos perfectamente conscientes; quizá por eso se atrevió a comentar:
- Permítame decirle que tiene usted una esposa muy hermosa…
- Sí, lo sé. Gracias, ingeniero.
- Y muy liberal…
- ¿Le parece?
- Desde luego; no cualquier mujer tiene el orgullo de mostrar tan apetecible cuerpo con tan poca ropa.
- Es que no hay nada que esconder. Tanto ella como yo creemos que lo bonito tiene que ser compartido con los ojos de los demás, ¿no cree?
- Completamente de acuerdo…
- ¿Y a qué debemos el honor de su visita, ingeniero?
- Bueno, le comentaba a su exquisita esposa que voy a salir de viaje y no podré pasar por la renta, y como vine a ver algunos pendientes a algunas casas del conjunto, aproveché para ver si ya tienen el monto de la renta, aunque si no lo tienen, yo pasaré a mi regreso…
- ¡Uy! Ahora sí le vamos a quedar mal; habría que pasar al banco para sacar el dinero de la renta y ahorita no creo que haya ninguno abierto…
- No importa; no se preocupen, era sólo para evitarme una visita posterior, pero lo entiendo perfectamente y ya me lo dará a mi regreso…
- Ahora que… -, el Cornudo se detuvo sin acabar la frase, aunque yo ya adivinaba la idea que se le estaba ocurriendo.
- Dígame… -, dijo el ingeniero como esperanzado en algo.
- No, nada, es una locura.
- No, no. Dígame, por favor…
- ¿Le gusta mi esposa?
- Y a quién no… Con todo respeto, es una mujer estupenda…
- ¿Le gusta su cuerpo?
- Es delicioso; me encantan las mujeres… ¿cómo lo diré? Bien proporcionadas de las Pompas.
- Bueno, pues le tengo una propuesta; claro, puede rechazarla si no le conviene y quedará todo como al principio.
- Dígame, por favor.
- Últimamente, hemos tenido muchos gastos y, aunque sí tenemos para pagar la renta, ya nos vemos muy apretados; incluso, estábamos pensando mudarnos a una casa o departamento más pequeño y, por supuesto, más barato.
- Ajá…
- Párate, mi amor…
Me levanté de mi lugar y mi esposo me quitó fácilmente lo que quedaba del vestido, quedando completamente encuerada en medio de la sala; me volteó para que el ingeniero pudiera ver mis Nalgas y me inclinó totalmente, hasta que me detuve con las manos del sillón, quedando con el Culo empinado hacia el casero.
- ¿Cuánto cree que valga este Culo?
- ¡Uy! Es un Culo delicioso; seguramente, debe valer mucho -, contestó el casero más animado, al ver el descaro de la escena y cómo mi esposo me ofrecía sin pudor alguno.
- ¡Tóquelo!, para que lo sienta…
El casero se levantó de inmediato y empezó a sobarme las Nalgas, metiendo un poco el dedo en mi Ojete y evidentemente excitado…
- ¿Qué le parece?
- Tiene usted una esposa muy Nalgona, muy rica y muy Puta. Lo felicito…
- Gracias, ¿pagaría usted $2,000 pesos por esta Piruja, para cogérsela por donde quiera y como quiera?
- ¿Qué propone..?
- Mire, la renta es de $8,000 pesos. ¿Qué le parece si de aquí en adelante se la pagamos con las Nalgas de mi esposa, para que venga a jodérsela una vez por semana?
- No está mal, pero yo pediría algo más.
- ¿Qué cosa?
- Además de que esta Perra está buenísima y que actúa como una verdadera Callejera, me excita que usted ofrezca a su mujer con tanto descaro, por lo que el trato quedaría cerrado si usted, además de permitir que su esposa sea mi Puta una vez a la semana, actúa como “asistente” en esos encuentros.
- A ver, ¿cómo está eso?
- Sí, una de mis fantasías es cogerme a la mujer de otro en su presencia y que el marido sea tan Cornudo que no sólo permita que me la chingue, sino que nos sirva a los dos, a su Puta esposa y a mí, mientras le ponemos los cuernos descaradamente.
- ¿Pero, qué tendría que hacer?
- Nada extraordinario. Simplemente, servir los tragos, preparar a su deliciosa mujer, abrirle las Nalgas y dilatarle el ano para que la encule, y todo lo demás que se vaya ofreciendo, como un esposo sirviente y Cornudo, aunque sin ningún contacto entre usted y yo.
- Mmmmh, me parece bien, aunque habrá ocasiones en que yo no esté, por estar trabajando.
- En ese caso, no hay problema; yo me cojo a su Mujer aunque usted no esté y, si llega de improviso, será muy excitante que usted llegue a su casa y vea a otro cogiéndose a la Puta de su esposa en su propia cama y, entonces, podrá actuar como sirviente. ¿Qué le parece?
- Por mí no hay problema, aunque no sé qué opine mi mujer…
Yo seguía empinada, sintiendo las manos de ambos en mis Nalgas mientras se ponían de acuerdo en las condiciones para convertirme en la Puta del casero; no había dicho una sola palabra y, cuando mi esposo me preguntó mi opinión, en vez de abrir la boca me senté en las piernas del ingeniero y le di un beso en la boca, mientras me tocaba el Culo y las tetas.
- Pero qué rica estás, Zorra… ¿Les parece bien que hoy empiece a cobrar la primera semana del mes que viene?
- Cóbrese, ingeniero -, respondí chorreándome por todas las emociones del día y ante la perspectiva de que, desde ese momento, pagaría la renta del lugar donde vivo con mi cuerpo, como una prostituta.
- Sírveme otro Brandy, Cornudo, mientras dedeo a tu mujer y te doy el recibo de la renta.
Sin soltarme de las Nalgas con la mano izquierda, el casero firmó el recibo de renta; el Cornudo de mi marido se levantó a servirle otro brandy al hombre que, con todo descaro, se estaba chingando a su mujer. Y, como si le excitara la situación, cuando mi marido le dejó la copa en la mesa, el ingeniero, sin voltearlo a ver, le extendió el recibo con una mano, mientras que con la otra me introducía dos dedos por el Culo y me besaba en la boca. Ya se iba a sentar frente a nosotros mi esposo cuando el casero le pidió que trajera la botella de brandy, lo cual hizo de inmediato; después le solicitó que me pusiera un poco de la bebida en mis pezones, ante lo cual el Cornudo me embarró todas las tetas del líquido ambarino y, antes de que quitara la mano, el ingeniero lamía el alcohol directo de mis senos; cuando terminó de chuparlo todo, le pidió, casi ordenó, a mi marido que me pusiera más, lamiendo una nueva dosis de brandy. Mi esposo se quedó parado junto a nosotros con la botella en la mano, ya que el casero repitió la operación unas cinco o seis veces.
- ¿Te gusta, putita?
- Me encanta…
- ¿Te gusta que sea tu marido el que ponga la bebida en tus tetas para que otro las mame?
- Sí, me excita que sea tan Cornudo…
- Y tú tan facilota… Cornudo, me voy a coger a tu mujer primero por la pepa, pero antes quiero que me mame la Verga; ¿podrías desabrocharme el pantalón? Ya ella se encargará de sacarme el Pito del calzón y chuparlo…
- Claro que sí, ingeniero -, dicho y hecho, el muy Cornudo le desabrochó el pantalón al casero, mientras éste permanecía parado con mi boca a la altura de su Verga y yo lamía la tela del pantalón y los dedos de mi esposo, adivinando y sintiendo con mi lengua el tronco erecto que se escondía debajo de la tela.
Cuando por fin el pantalón cayó al suelo, el Palo del casero se veía perfectamente parado bajo el calzón blanco, por lo que bajé la prenda lentamente hasta que liberé esa hermosa Verga, pero lo que más me gustó fueron sus deliciosos Huevos, muy redondos y muy grandes, llenos de pelo, por lo que cuando los vi tan exquisitos, procedí a lamerlos, sin importarme que mi marido, quien le pasaba la copa al casero para que no se agachara mientras su esposa le lamía la Reata, viera cómo la degenerada de su mujer chupaba con vehemencia los dos Cojones completos y toda la Verga de otro hombre. Tengo la manía de masturbar a mis amantes cuando les hago sexo oral, quizá por el deseo de sentir su leche en mi boca, y así lo hice con el ingeniero, quien me detuvo de improviso:
- Para, Putona; vas a hacer que me venga y todavía falta mucho para que me cobre con tu depravado cuerpo. Cornudo, vamos a tu recámara; quiero chingarme a tu mujer en tu propia cama y, por supuesto, delante de ti, para que veas cómo esta Perra goza dándole las Nalgas a otro Cabrón, sin importarle que estés presente. ¿Te gusta la idea de que me coja a la Golfa que tienes por esposa en la cama donde duermen?
- Sí, ingeniero, me encanta la idea. Por aquí, por favor.
- Adelante, Puta, después de ti…
Subí las escaleras moviendo el Culo exageradamente y sin voltear siquiera mientras el casero me lo manoseaba y me lo besaba, pues le quedaba justo en la cara. El Cornudo venía detrás observando toda la escena sin decir palabra; yo iba encuerada, sólo con los zapatos de tacón; el ingeniero sólo traía la camisa, los calcetines y los zapatos, con la Verga parada de fuera, y mi marido seguía completamente vestido. Llegamos a la recámara sin que el casero dejara de apretarme las Pompas, con mi marido viéndolo todo detrás de nosotros, y nos besamos en la boca junto a mi cama. Al ver que mi esposo se quedaba en el dintel de la puerta sin saber qué hacer, el ingeniero me preguntó:
- ¿Quieres algo de tomar, Nalgona?
- Sí, leche -, le contesté coqueta, refiriéndome obviamente a mi deseo por una buena carga de semen, aunque al casero le pareció divertido jugar con la idea y le ordenó a mi marido:
- Tráeme otro brandy y un vaso de leche para esta Ofrecida; ahora te lo vas a tomar, pero con popote, Culona…
No supe a qué se refería hasta que el Cornudo llegó con la copa del ingeniero y un vaso de leche en la otra mano; le dio la copa al casero e iba a entregarme el vaso cuando mi nuevo amante se lo quitó de las manos, metió la Verga dentro del vaso y, empapándola del blanco líquido, me la ofreció para que la chupara. Me pareció muy excitante el detalle y le mamé el hermoso Pene, sorbiendo hasta la última gota de leche; estuvo un rato así, alternando la Verga y los Huevos, que también los sumergía en el vaso y yo me apuraba para que no se cayera ninguna gota. Poco después le pasó el vaso al Cornudo con la mitad del líquido, pues el resto lo había yo bebido directamente de su Cabezona y de sus Bolas, y le dijo:
- Puedes sentarte en esa silla, Cornudo, para que veas cómo le doy Verga a la Puta de tu mujer.
Mi marido obedeció sentándose en una silla que tenemos en la esquina de la recámara, junto a la cama, y desde donde podía ver perfectamente toda la acción; me recosté boca arriba para que el casero me penetrara y él subió mis piernas a cada uno de sus hombros, dejando sabrosamente accesible toda mi pepa para que entrara su exquisita Lanza; así me estuvo bombeando por unos cinco minutos, mientras veía a mi marido de reojo tocarse por encima del pantalón, excitado por ver a su esposa emputecida por otro, pagando la renta con su cuerpo como una vulgar prostituta. Yo estaba hirviendo de la excitación, por lo que le empecé a pedir a mi cliente, pues eso era al cobrarse con mi cuerpo:
- Cóbrate, cabrón. Hazme tu Puta delante del Cornudo de mi esposo, que vea cómo su mujer da las Nalgas para pagar la renta, que vea cómo me prostituyo en sus narices y cómo lo disfruto desvergonzadamente. Acabas de comprarme y tienes derecho a hacer lo que quieras con tu Piruja. ¿Te gusta tu Ramera?
- Me encantan las Putas como tú; ya me habían dicho los vecinos que eras una descarada y una ofrecida, pero no me imaginé qué tanto. Se ve que te encanta la Verga y yo voy a venir a dártela cada semana, para cobrarme la renta con tu cuerpo de Callejera depravada, y delante de este Cornudo, para que sepa que ya tienes otro picador que te va a dar hasta por las orejas cada semana.
- Sí, eres mi picador y yo soy tu Perra, una Perra descarada que no tiene pudor ni vergüenza para entregar las Nalgas en las narices del Cornudo con el que se casó. Mira, Cornudo; mira cómo le doy la panocha, mira cómo entra esta deliciosa Verga en mi coño caliente…
Esas palabras hacían sudar al ingeniero, pero se aguantaba para no venirse, pues quería gozarme y usarme toda, por lo que se retiró de mi vagina y me dio una leve nalgada, pidiéndome que me empinara, dándole el Culo.
- Ahora me voy a culear a tu vieja, Cornudo. Quiero que le prepares el ano, para que resbale bien mi Verga…
- El lubricante está en mi cajón, amor -, le informé al Cornudo, quien lo trajo y destapó y, mientras me deseaba el Ojete con el lubricante, para que la penetración anal fuera lo más satisfactoria posible, el ingeniero me puso la Reata en la boca y yo la mamaba toda, desapareciendo en mi boca hasta que mis labios entraban en contacto con sus Huevos. Mi marido fue dilatándome el hoyo primero con un dedo y luego dos y hasta tres, mientras que yo lo ayudaba haciendo para atrás y adelante el Culo; el casero me apretaba las tetas y movía su Pene, como penetrándome por la boca; de repente lo sacaba y me palmeaba la cara con el tronco, lo cual aprovechaba para meterme, uno a uno, esos formidables Cojones.
- Listo, ingeniero -, anunció mi esposo cuando consideró que mi Ojete estaba preparado para recibir el Tolete de mi amante, quien le pidió:
- Ábrele bien las Nalgas a la Puta de tu esposa, mientras le clavo la Verga.
El Cornudo asintió y me separó las cachas de las Nalgas, dejando completamente abierto el Culo, como pidiendo que lo traspasaran con una buena Verga; el casero puso la punta de su Tubo en la entrada de mi ano y lo metió poco a poco, hasta que tuve toda esa hermosura adentro y sentía sus enormes Bolas rebotar en mi pepa; cuando acompasó un ritmo frenético, entrando y saliendo ese trozo de carne dentro de mi Culo, dejándomela ir toda hasta adentro, pasé de los gemidos a los gritos de placer, lo cual excitó más a mi picador, quien le solicitó al Cornudo:
- Dale las gracias a la Puta de tu esposa, Cornudo. Bésala en la boca y agradécele por pagar la renta con este delicioso Culo…
El Cornudo se levantó y me besó tiernamente en la boca, dándome las gracias y acariciándome el cabello, mientras otro Cabrón me enculaba hasta el fondo. Fue un paisaje que el casero no pudo aguantar y, de golpe, sacó su Pito de entre mis Nalgas, para vaciarme toda su carga de mecos en la espalda y en la Cola; los embarró por todas mis Pompas, mientras me decía: “Puta… mi Puta”, y yo seguía besando a mi Cornudo marido; de pronto, cuando mi esposo se paró pensando que todo había terminado, estuve todavía unos cinco minutos saboreando ese delicioso semen, que el casero recogía de mis Nalgas con sus dedos, acercándolos para que me lo comiera. Sin decir palabra alguna, el ingeniero se vistió, recobrando la actitud lejanamente cordial de cuando lo conocimos aunque, antes de retirarse aclaró que el trato era un hecho y que vendría después de su viaje para cobrar otra parte de la renta.
¿Quieres saber qué pasó después? No te pierdas mi próximo Relato.
Hace unos meses, escribí mi primer relato para esta página, compartiendo con Ustedes cómo me convertí en una Puta; ahora, quiero continuar con mi experiencia con este nuevo relato: "Soy la Puta del conserje de mi oficina", en el que me ofrezco a uno más de los que ahora son mis amantes. Ojalá los disfrutes tanto como yo al vivirlo...
Soy la Puta del conserje de mi oficina...
Puta Sexy
En el relato anterior, compartí cómo me cogió mi jefe por primera vez en su oficina; aunque fue un poco decepcionante, pues se vino casi de inmediato y yo me quedé con ganas de Verga. Desde ese día, todo se manejaba con mucha discreción, pues el trabajo estaba de por medio; sin embargo, se podía decir que me había convertido en la Puta de mi jefe, pues siempre que había oportunidad le daba las Nalgas y, cuando nadie nos veía, se daba gusto manoseándome por todos lados.
Generalmente, nos íbamos a un hotelito que quedaba a dos cuadras de la oficina y, aunque nadie en la oficina podía asegurar nada, las escapadas a media mañana o a media tarde resultaban muy obvias para todos los demás. En la oficina todos rumoraban mis puterías con Enrique (así se llama), y más porque a veces se nos pasaba la mano y me saludaba con un beso en la boca o me tocaba levemente una Nalga, sin profundizar en la serie de privilegios que empecé a tener de su parte a partir de que le di las Nalgas. Yo seguía vistiéndome muy ligera de ropa y nunca usaba medias, calzones o brassiere, por lo que también era muy evidente que me estaba ofreciendo a todos, tanto que me enteré que, detrás de mí, casi todos me llamaban “la Puta”, lo cual lejos de disgustarme me calentaba de sobre manera.
Las únicas veces que me cogía en la oficina era cuando nos asegurábamos que todos se habían ido; cuando tenía ganas de Verga, me quedaba hasta tarde aparentando que tenía mucho trabajo y Enrique casi siempre era el último en irse; yo creía que estábamos solos, por lo que me descaraba completamente y hacía cada vez más locuras, pero alguien nos vigilaba sin que nos diéramos cuenta… Me gustaba excitarlo cuando todos se habían ido, haciendo cosas fuera de lo común que siempre tenían como respuesta una buena enculada en su oficina. Y así fue la ocasión en la que me percaté de que no estábamos solos:
La oficina de Enrique siempre estaba abierta, por lo que se me ocurrió excitarlo un poco. Traía puesta una blusa transparente, sin brassiere, con la que se reflejaban claramente mis pezones, una micro falda blanca entallada y muy corta, unos zapatos blancos… y nada más, pues como siempre no traía ropa interior. Decidí quitarme la falda, a sabiendas de que le encantaba mi Culo, y así, con las Nalgas y la pepa al aire, caminar hasta el garrafón para tomar un vaso con agua. Se veía muy erótico, pues continuaba con la blusa y los zapatos puestos, pero nada que cubriera las Nalgas, la panocha o las piernas.
Pasé frente a su oficina contoneándome lentamente para que me viera bien, por lo que la primera vista que tuvo de mí fue de frente, dejando ver toda mi pucha; después tomé por un pasillo que está justo frente a la puerta de su oficina y, aunque era un camino más largo hacia el garrafón, permitía que me viera el Culo desnudo durante todo mi trayecto por ese pasillo. Pasé como si nada, como si fuera completamente vestida y, de regreso mostrándole todo el coño, me dijo:
- Parece que se te cayó la falda, Perra.
- ¡Ay!, es cierto. No me había dado cuenta – mentí coqueta.
- ¡Eres una Puta!
- ¿Te molesta? Si quieres, me la pongo otra vez…
- No. Las Callejeras como tú se ven mejor así…
- ¿Tú crees?
Al preguntarle esto, me di la vuelta descaradamente y me empiné, dándole una vista perfecta de mis Nalgas redondas y completamente encueradas; así empinada y tocándome un poco la pepa, pude ver entre mis piernas como se tocaba el Pene por encima del pantalón, levantándose de su asiento casi de inmediato para dirigirse hacia mí.
Siempre que lo hacíamos en la oficina, cerrábamos su despacho y cogíamos de todas las maneras posibles en un sillón, en la alfombra, en su silla o hasta sobre el escritorio. Aunque sabíamos que nadie estaba en todo el piso, siempre pensamos que era mejor así, por si a alguien se le ocurría regresar o por si no nos hubiéramos dado cuenta de la presencia de alguien que no se hubiera ido; sin embargo, ahí estaba yo, con el Culo de fuera en pleno pasillo y empinada esperando mi dotación de Verga.
Iba a levantarme para ir a su despacho y cerrar, pero no me dio tiempo. Cuanto antes, Enrique se acercó a mí y empezó a sobarme las Nalgas y a dedearme el Culo en pleno pasillo, mientras se bajaba el pantalón para sacarse el Palo y clavármelo; con un poco de saliva empezó a estimularme el Ojete y lo empezó a abrir para dar paso a su hermoso Pito, mientras me decía:
- ¿Así te gusta, Zorra? ¿La quieres por el Culo?
- Sí, mi vida. Dámela por el Culo. Jódeme por las Nalgas.
- No cabe duda de que eres una Piruja. Mira cómo se te abre el hoyo…
- Sí, se me abre para tu Verga. ¡Métemela, por favor!
Sin esperar más, Enrique me enculó ahí, en pleno pasillo, bombeándome el ano con fuerza, mientras me gritaba cualquier cantidad de obscenidades. Habíamos hecho una Pareja perfecta de amantes, pues a mí me gusta que me digan las cosas más bajas mientras me la meten y a él le encantaba usar un lenguaje vulgar mientras cogíamos, por lo que no me bajaba de Puta, Perra, Culera, Callejera y demás lindezas que acompañaba con una que otra nalgada.
De pronto y tal vez por los gritos y gemidos que ambos proferíamos mientras me estaba culeando, alcancé a ver que algo se movía cerca de la recepción; fue un movimiento ligero y casi imperceptible junto a los elevadores, por lo que pensé que se trataba de mi imaginación, pero ya no quité la vista de ahí. Seguía moviendo frenéticamente las Nalgas para recibir más de ese trozo de carne que me perforaba por el Culo, cuando vi más claramente que alguien se escondía detrás de un muro junto a la recepción.
Al poco rato, cambiamos de posición. Enrique se acostó sobre la alfombra y yo me senté en su deliciosa Verga, ensartándomela otra vez en el ano, pero ahora encima de él; es una posición que me fascina, pues controlo los movimientos y puedo meterme el Pene hasta el fondo. Siendo enculada así, Enrique no podía ver hacia la recepción, pero yo veía claramente hacia ese ángulo y fue entonces cuando vi su figura. Ya no trataba de esconderse, pues se había percatado de que ya lo había visto y guardaba una cierta distancia sólo y quizá porque Enrique, quien era el director de la empresa, era el que me estaba cogiendo. Además, cualquier mujer que se viera descubierta en las condiciones en las que estaba yo en ese momento y que no hubiera querido que la observaran, se hubiera cubierto de inmediato y hubiera parado de coger, quizá para resguardarse en un cubículo y ponerse la ropa. Sin embargo, yo seguía clavándome esa Verga por entre las Nalgas depravadamente e, incluso, gemía más, sin importarme que me estaban viendo.
Minutos después, la misteriosa figura se separó por completo de su escondite, dejando ver descaradamente su figura y develando su identidad. Se trataba de Don Abel, el conserje de la oficina, a quien diario saludaba y me despedía al llegar e irme de la oficina. Se trataba de un hombre mayor, rozando los 60 años y con el cabello más blanco que gris, moreno y levemente pasado de peso, aunque siempre estaba muy limpio y bien arreglado. Su ropa no era muy fina; sin embargo, siempre estaba arreglado y era muy atento conmigo; aunque me daba cuenta de que me revisaba de arriba abajo cuando llegaba y me iba, lo hacía muy discretamente, supongo que para no meterse en problemas y jamás me hizo ninguna insinuación. Lo más lujurioso que hacía era verme las Nalgas al subir por una pequeña escalera que daba al elevador, sabiendo que de ese modo, con la ropa tan atrevida que siempre llevaba y siempre sin calzones, podía verme incluso el ojo del Culo y toda la panocha.
A mí me divertía excitarlo y más al verlo tan correcto siempre; al saber que tenía sus ojos posados en mis Nalgas y que por la inclinación de la escalera podía verme todo, subía lentamente para darle un buen espectáculo e incluso a veces me agachaba en medio de la escalera, con el pretexto de abrocharme uno de los zapatos o ante la caída “accidental” de algún papel, con lo que mis Pompas quedaban prácticamente al descubierto. A pesar de todo ello, yo lo veía como a un tío bonachón y el siempre se había portado hasta paternalmente, por lo que jamás me lo imaginé sexualmente o teniendo relaciones con él.
Y ahí estaba yo, completamente encuerada, encima del jefe con su tranca hasta el fondo del Culo y moviéndome como enajenada; mis tetas subían y bajaban en todo su esplendor y Don Abel, a sólo unos cuatro metros de ahí, las veía perfectamente. Primero, me veía a los ojos y se tocaba la entrepierna excitado por lo que veía, pero a los pocos minutos ya se había sacado la Verga y se masturbaba descaradamente frente a mí. No sé porqué (seguramente por Puta), pero en vez de afectarme, le sonreí y pasaba mi lengua por los labios, viendo su magnífica lanza subir y bajar ante la chaqueteada que se estaba dando.
A los pocos minutos, Enrique descargó una exquisita oleada de semen dentro de mi Culo; casi al mismo tiempo, Don Abel eyaculó en el piso de la recepción. Tenía una Verga hermosa, mucho más morena que el resto de su cuerpo (casi negra), larga, curva y de un tamaño sorprendente (como 25 centímetros, aproximadamente), pero lo que más me impactó fue la cantidad de leche que salió de aquella delicia. Los mecos salían y salían sin parar, primero como un chisguete y luego resbalando por esa estupenda Reata.
Al ver que Enrique y yo nos incorporábamos después de la deliciosa culeada que me dio, Don Abel desapareció por las escaleras sin hacer ruido, al grado que mi jefe nunca se dio cuenta de que nos estuvo observando y yo no le dije nada. Ya nos estábamos alistando para irnos, cuando sonó el teléfono de mi oficina; era mi marido, que preguntaba a qué hora llegaría y si quería que pasara por mí. Cuando sonó el teléfono, yo sólo había alcanzado a ponerme la blusa y los zapatos, pues la falda la había dejado en mi lugar, por lo que seguía con la Cola al aire y hablando con mi marido.
El Cornudo de mi esposo ya sabía que mi jefe me cogía de vez en cuando y que me había convertido en su Puta personal y Enrique sabía también que el Cornudo estaba enterado, por lo que le platiqué que ya iba para la casa y que acababa de hacer algunas travesuras con mi jefe. Mi esposo se calentó sólo de escucharme y más cuando le dije que no traía falda; en eso, llegó Enrique ya completamente vestido y me sobó el Culo, metiéndome la punta de un dedo por el Ojete, con lo que mi voz se hizo un poco temblorosa. Mi marido se percató y preguntó:
- ¿Qué pasa?
- Nada, amor. Ya voy para allá.
Pero Enrique se dio cuenta de la situación y dijo claro, para que mi marido escuchara:
- Dile que te estoy metiendo un dedo por el Culo y que te acabo de coger por atrás.
El Cornudo de mi esposo lo escuchó todo y yo me reí ante la espontaneidad de mi jefe, quien se volvió a sacar el Pene y me lo restregaba entre las Nalgas mientras hablaba por teléfono, como si le divirtiera o excitara la situación. Me hubiera gustado que me la metiera de nuevo mientras hablaba con el Cornudo, pero ya era muy tarde y teníamos que irnos, por lo que colgué y me puse la falda para retirarme, pues Enrique me daría un aventón hasta la casa.
Salimos abrazados de la oficina y, al pasar por la puerta donde estaba Don Abel, me percaté de que su mirada había cambiado. Por alguna razón, del que menos nos cuidábamos Enrique y yo era de él y, cuando salíamos tarde juntos, después de una deliciosa sesión de sexo, me tomaba por la cintura o, a veces, me sobaba descaradamente las Nalgas subiéndome la falda, con el objetivo de que Don Abel se diera cuenta. El conserje nunca hizo una observación o reflejó una mirada extraña por lo descarado de la situación, pero esta vez sonreía lujuriosamente. Sin embargo, lo dejé pasar y hasta se me olvidó, debido quizás a lo cansada que estaba, por lo que me subí al coche de Enrique y nos encaminamos hacia mi casa.
Los días pasaron sin que esa mirada de lujuria y complicidad desapareciera de la cara de Don Abel, y ahora hasta se agachaba un poco para verme bien el Culo y la pepa, pero no comentamos nada de nada. Ésos eran los único signos que habían cambiado en nuestra incipiente relación y el conserje no se había atrevido a mencionar lo sucedido. A mí me excitaba por las noches recordar la escena en la que veía su Verga descomunal siendo masturbada por sus manos, mientras mi jefe me cogía; me resultaba muy erótico el descaro de seguir cogiendo mientras el conserje se la jalaba a unos pocos metros de nosotros, pero tampoco hice nada para mencionar lo sucedido y mi actitud seguía siendo la misma.
No obstante, una noche saliendo de la oficina, las cosas cambiaron. La puerta que daba a la calle siempre estaba cerrada, por seguridad, y cualquiera que quisiera salir del edificio tenía que esperar a que Don Abel abriera con su juego de llaves. Al tratar de salir, no vi al conserje por ningún lado, por lo que decidí esperar unos segundos; como no aparecía, comencé a gritarle, pero nada… ni rastro de él. Yo sabía que tenía un pequeño cuartito en el fondo del estacionamiento, por lo que decidí ir a ver si estaba ahí.
Caminé por todo el garage vestida sólo con un pantalón de mezclilla ajustado, el cual dejaba ver que no traía calzones ni tanga ni nada, pues era tan apretado que moldeaba perfectamente mis Nalgas y cualquier costura se hubiera visto. No me ponía mucho ese pantalón, pues al ser tan ajustado resultaba muy complicado ponérselo, pero me gustaba porque no tenía bolsas en la parte de atrás y asemejaba como si sólo tuviera el Culo pintado de azul, lo que resultaba muy descarado. Arriba, una blusa de tirantes blanca, de una tela con la que los pezones se dibujaban a la perfección, de esas que son muy fáciles de quitar o de hacerlas a un lado para sacar un seno. Y además de unos zapatos de tacón blancos, no traía puesta una sola prenda de ropa más.
Me asomé en su cuartito, pero no había nadie, cuando escuché unos pasos que venían por el estacionamiento. Era Don Abel que se acercaba para ver lo que quería:
- A sus órdenes, linda.
- Ay, Don Abel, lo estoy buscando por todos lados para que me abra la puerta.
- Perdón, es que fui al baño, pero ahorita le abro.
Pasé delante de él y, recordando la escena de la otra noche, decidí provocarlo moviendo exageradamente el Culo por todo el estacionamiento; de pronto, tenía muchas ganas de su Verga negra y sabrosa, por lo que estaba decidida a provocarlo para que diera el siguiente paso.
- Disculpa, linda, ¿todavía queda alguien en la oficina?
- No, Don Abel, ya se fueron todos. ¿Por?
- Por nada, es que quiero ver si ya puedo ir a revisar todo y a apagar las luces; además, quería pedirle un favor, pero ya es muy tarde.
- Son apenas las nueve y media. Dígame, qué se le ofrece.
- Es que mi hija ya entró a la secundaria y está duro y dale con que le compre una computadora, pero yo no sé nada de eso y me gustaría saber aunque sea algo antes de ir a comprarla, para que no me vean la cara.
- ¿Y en qué le puedo ayudar?
- No sé, si fuera tan amable de decirme las cosas básicas que debe tener la computadora y me enseñara eso de Internet, para yo darme cuenta…
- Claro, vamos a mi oficina.
Subimos por la escalera y yo traía su cara casi chocando con mis Nalgas; descaradamente, le movía el Culo en la cara y él se acercaba más de lo normal, e incluso, hice como que no escuchaba cuando exclamó un claro “mmmmh”, al estar tan cerca de mi Culo. Yo pensé que iba a aventar toda la carga mientras le mostraba el funcionamiento de la computadora, pero no hizo más que escucharme y echarle un vistazo a mis tetas de reojo, por lo que me conformé con que esa noche no pasaría nada. Bajamos a la salida y yo estaba apunto de abandonar el edificio cuando me dijo:
- Aprovechando su amabilidad, linda. Quiero mostrarle algo que tengo en mi cuarto, para que me de su opinión. ¿No hay problema?
- Claro que no, Don Abel. Vamos -, respondí pensando que ahora sí se animaría.
Yo estaba muy mojada y decidida a comerme esa deliciosa y enorme Verga del conserje, pero no me animaba a dar el primer paso, por lo que caminé delante de él moviendo más el Culo, para demostrarle que me estaba ofreciendo y que estaba dispuesta a todo. Entramos en su cuarto y cerró la puerta, lo cual hubiera parecido extraño, pero a mí me encantó, pues presentí que estaba a punto de animarse. En la pequeña habitación sólo había una cama individual con cobijas encima, una silla que servía también de buró y una mesa pegada a la pared en la que había una botella de tequila, una parrilla y algunas cosas más de comer. Me pidió que me sentara y yo lo hice en la cama, pues no había otro lugar; él se quedó parado mirándome sin decir nada.
- Dígame, Don Abel, ¿qué me quería enseñar?
- Ay, linda, no se vaya a enojar, pero…
- ¿Qué pasa?
- Es que no tengo nada que enseñarle, se lo dije nada más para que viniera aquí a mi cuarto.
- ¿Y eso?
- Es que… no sé. ¿Se acuerda la vez que estaba usted con el licenciado?
- ¿Cuándo? -, sabía perfectamente a lo que se refería, pero decidí hacerme la inocente.
- Sí, cuando subí y ustedes estaban… cogiendo.
- Ay, Don Abel, qué manera de decirlo. Claro que me acuerdo, ¿por qué?
- Pues eso y su manera de vestir, además de lo que se dice por ahí…
- ¿Qué se dice..?
- Pues… es que me da pena. ¿No sabe cómo le dicen en la oficina?
- No, ¿cómo?
- La Puta.
- Ah, ¿sí? ¿Y usted qué opina?
- Híjole, pues no sé -, se tocaba la cabeza y se reía nerviosamente.
- ¿Cree que sea una Puta?
- Pues no sé si una Puta, pero me he dado cuenta de que sí es bastante liberal.
- No, no se apene. A mí me encanta serlo; en el sentido estricto de la palabra, no soy una Puta, pues no cobro, pero me encanta entregarme a cualquiera. Si a eso se refieren, tienen razón.
Al ver su vergüenza para decir las cosas, me empecé a divertir al responder así, pero sin entregarme ni hacer ninguna insinuación, como si estuviéramos hablando del clima o de la crisis del país. Y más me entretenía ver que él no se atrevía a dar el primer paso, por lo que decidí no hacer nada hasta que él se animara.
- Bueno, Don Abel. Si eso era todo, creo que ya me tengo que ir, se esta haciendo tarde y no voy a encontrar taxi.
- Espérese tantito, linda. ¿No quiere un tequilita?
- No, gracias. Me tengo que ir. Quizás otro día.
- Es que…
- ¿Sí?
- Me gustan mucho tus Nalgas, las tienes deliciosas -, dijo tuteándome por primera vez.
- Qué lindo, Don Abel. Muchas gracias.
- Me gusta cuando vienes de faldita; ¿te has dado cuenta de que te volteo a ver las Nalgas?
- Sí, claro que me he dado cuenta.
- Y nunca traes nada abajo…
- No, me molesta la ropa interior.
- ¿Y no te importa que cualquiera te vea tus cositas?
- No, me tiene sin cuidado. Por favor, Don Abel, me tengo que ir.
Me levanté divertida por la situación, pero las cosas dieron un giro inesperado, pues el conserje cambió de actitud.
- No te vayas, Puta. Déjame cogerte.
- ¿Perdón? ¿Qué le pasa? ¿Por qué me dice así?
- No te hagas, si eres bien Perra. Por algo todos te dicen la Puta y ahora vas a ser mi Puta.
- Perdóneme, Don Abel. Sí, soy bien Puta, pero yo decido a quién le doy la Nalgas. ¿Por qué tendría que dárselas a usted?
Sus manos recorrían mis Nalgas por completo por encima del pantalón y yo no hacía nada por quitarlas; simplemente, dejaba que las siguiera sobando como le diera la gana…
- Pero qué rico Culo tienes, Zorra. Y ahora me lo vas a dar…
- Ya le dije que me tengo que ir. ¿Qué le pasa? Además, así no son las cosas; yo no me entrego a la fuerza. Puede sobarme el Culo todo lo que quiera en lo que llegamos a la puerta, pero entienda que ya me tengo que ir…
- No, Perra; te voy a meter la Verga por donde yo quiera, pues desde ahora serás mi Puta y vas a tener que tener esas Nalgas listas siempre que yo quiera; a menos que…
- ¿A menos que qué…?
- A menos que quieras que le diga a todo el mundo lo que vi el otro día, cómo te ensartaba el licenciado en pleno pasillo como pinche Ramera…
La verdad es que me tenía sin cuidado lo que dijera el viejo conserje; todos sabían que soy una Puta y que le daba las Nalgas a Enrique; que divulgara lo que vio, no sería más que otro chisme de los que corrían a diario en la oficina y que lejos de afectarme, hasta me excitaban. Mi trabajo no corría ningún peligro, pues el dueño de la empresa es precisamente el que me estaba cogiendo; peor aún, el trabajo que corría peligro, si se ponía a hablar de más, era el de Don Abel, pues Enrique no lo hubiera permitido. A pesar de todo eso, me divertía y me calentaba la situación de ser la Puta del conserje; sentir que me tenía amenazada y que podía disponer de mi cuerpo cuando quisiera, por lo que le seguí el juego:
- Pero… ¿sería capaz?
- Yo no quiero, pero si me obligas… además, bien que te gusta la Verga y la mía está a tu disposición.
- Está bien, pero mi marido me está esperando; déjeme hablarle para decirle que voy a llegar un poco más tarde, ¿sí?
- Préstame el teléfono, yo le llamo…
- ¿Cómo cree?
- ¿Qué tiene? Yo mismo he visto cuando viene por ti ya tarde y bajas con el licenciado; el muy Cornudo se queda viendo como te besa el jefe, te manosea y hasta te mete el dedo en sus narices…
Cuando dijo esto me moje de inmediato; la perspectiva de que fuera él quien le hablara al Cornudo de mi esposo, para decirle que llegaría tarde porque me iba a quedar a coger con él, me excitaba de sobre manera, por lo que marqué el teléfono y se lo pasé:
- ¿Bueno? Habla el conserje de la oficina de su esposa… No, ella está bien, sólo que va a llegar un poco más tarde… No puede hablar ahora… No, no se trata de trabajo; lo que pasa es que me la voy a coger y tardaremos como una hora… No, no es broma… Sí, habla Don Abel… Desde ahora va a ser mi Puta y ella está de acuerdo… Bueno, se la paso…
Tomé el teléfono y me percaté de que el Cornudo de mi marido no entendía lo que estaba pasando; le dije que estaba bien y que luego le platicaba. Noté que, al comprender lo lujurioso de la situación, mi esposo se estaba excitando, pues me dijo que era una Puta, una Callejera, una Culera y quién sabe cuántas linduras más. Eran alrededor de las 10:00 de la noche y le pedí que pasara por mí a las 11:00, en lo que estuvo de acuerdo.
- Bueno, ya consiguió lo que quería. Puedo estar con usted una hora, ¿ahora qué quiere que hagamos? -. La situación era muy divertida, pues mientras le decía esto me desabrochaba el pantalón con una mano y con la otra se masturbaba, pues desde que estaba hablando con mi esposo ya tenía el Pito de fuera.
- Así me gusta, Putita, que te dejes… Encuérate para verte esas deliciosas Nalgas que tienes…
Me quité la blusa de inmediato, dejando salir mis tetas con los pezones parados por la visión de esa estupenda Verga negra. Don Abel se quitó toda la ropa y se jalaba despacio su suculento Garrote, presenciando cómo me desnudaba como si fuera un show; cuando me empiné para quitarme el pantalón, mis Pompas ya estaban de fuera y el conserje comenzó a besarlas con mucha delicadeza, contrastando con sus palabras imperativas de unos momentos antes. Me puse en cuclillas ante su Palo y comencé a lamerlo muy despacio por todo el tronco, mientras me masturbaba con una mano; él tomaba mi cabeza con las manos y me acariciaba el cabello, mientras me decía:
- Así, Putona… ¡Qué rico la chupas! Se nota que eres toda una experta. ¿A cuántos se las has mamado?
Yo hice un gesto en respuesta como cuando la cifra es muy alta y uno no puede siquiera imaginarla, para después comenzar a lamer sus exquisitos Huevos que, contrario al espeso pelo que tenía sobre el Pene, estaban casi pelones, lo cual me permitió meterlos en mi boca uno a uno, succionándolos despacio, mientras lo masturbaba lentamente. Mi lengua iba por todos lados, desde las Bolas hasta la punta de su Reata que, cada vez que lubricaba, me regalaba una exquisita gota de líquido.
Así como estaba, me incorporé para montarlo de frente, pero él me pidió que lo hiciera dándole las Nalgas, para que pudiera tener una vista completa de mi Culo, pero cuando me iba a meter ese delicioso pedazo de carne, me pidió que le pusiera el Culo en la cara, lo cual hice de inmediato. Hicimos un frenético 69, sentía su lengua dar círculos alrededor de mi ano, con sus manos puestas en cada una de mis Nalgas, mientras yo saboreaba su Verga hasta la garganta.
Mi intención era sentir dentro esa espectacular herramienta, pero cuando me iba a parar para introducirla en mi pepa mojada, un borbotón de leche me llenó la garganta. Mis sentimientos se entremezclaban, pues quería ser penetrada por el conserje, pero también disfrutaba enormemente el semen caliente que traté de tragar en su totalidad. Saqué su Falo de la boca, para poder saborear sus deliciosos mecos cuando, sorpresivamente, otro chorro de abundante esperma salió de la cabeza de ese enorme Pito, cubriéndome la cara casi en su totalidad…
¡Qué bárbaro! Nunca había visto a un hombre venirse tan copiosamente; su leche era espesa y blanquísima, por lo que tardaba en gotear de mi cara y se podían ver cantidades de semen escurriendo por mi barbilla, pero sin caer, de hasta cinco centímetros. Estaba sumamente caliente por disfrutar de tantos mecos para mí sola, por lo que seguí chaqueteando ese hermoso animal y no cabe duda que era mi día de suerte, ya que una tercera andanada de esperma me cayó en la cara; era tanto el semen que me cubría el rostro que difícilmente podían distinguirse mis facciones y, aunque deseaba comérmelo todo hasta la última gota, me pareció muy excitante dejarlo ahí, pues al incorporarme una gran cantidad cayó sobre mis tetas, mientras me lo embarraba haciendo círculos alrededor de mis pezones.
Me recosté junto a él, tomando con los dedos el exceso de mecos que tenía en la cara, para introducirlos en mi boca y comérmelos, como si se tratara del manjar más exquisito (¡lo era!) y él, al ver la escena, no paraba de decirme Piruja, Puta, Perra, Culera y demás hermosuras que me excitaban al máximo. Una vez que concluí con mi deliciosa cena, me sentía con ganas de más Verga, quería sentirla hasta el fondo de la panocha y el Culo, pero no veía signos de que se erectara la Boa de Don Abel; aún así, fláccida, era hermosa y grande, pero yo quería sentirla dentro de mí. Él me abrazaba y me metía un dedo por el Culo, mientras besaba mis tetas, y yo le sobaba los Huevos buscando una nueva erección que no llegó.
Faltaban como 15 minutos para que llegara el Cornudo de mi marido, por lo que me resigné a sentir ese riquísimo aparato en las manos y una mano diestra que hurgaba entre mis Nalgas durante el tiempo que faltaba para irme, cuando sonaron algunos golpes en la puerta de entrada del edificio; pensé que sería mi marido, que había llegado más temprano, quizá para ver como emputecían otra vez a su esposa, pero cuando Don Abel fue a abrir distinguí una voz distinta y que nunca había escuchado. Se escuchaba que el conserje y quien entró se aproximaban al cuarto donde estaba yo completamente desnuda, por lo que me tapé con una de las cobijas, sin creer que el viejo dejara entrar a alguien más… pero estaba equivocada.
Se abrió la puerta y un muchacho como de 20 años venía con el conserje; se trataba de un chico muy delgado, cabello corto y vestido formalmente; moreno como Don Abel y con un leve parecido a éste, quien al verme cubierta con la cobija se puso evidentemente nervioso aunque se podía ver mucha excitación en su rostro… y más cuando el conserje, que resultó ser su tío, le dijo:
- Mira, Ramiro. Te presento a mi Puta -, ante esta original presentación, el muchacho rió nervioso, como si no creyera lo que decía su tío.
- ¡De veras! ¡Es mi Puta! ¿Verdad, corazón? -, yo estaba muy excitada y, dejando caer la cobija de modo que se descubrieran mis senos, contesté:
- Sí, Don Abel; a tus órdenes, Ramiro.
- Mira qué buen Culo tiene… -, dicho esto me arrancó la cobija de las manos y me dejó así, totalmente encuerada, ante los ojos del chico, que ya se tocaba la entrepierna e iba perdiendo la timidez.
- Pero muéstrale las Nalgas a mi sobrino, Perra, para que vea lo que se acaba de comer su tío…
Obedecí volteándome por completo y me hinqué sobre la cama, moviéndome levemente de atrás hacia delante, con el Culo a merced de los dos machos que lo veían atentamente. Don Abel me metió un dedo por la panocha así como estaba y yo no pude evitar soltar un leve gemido, mientras metía y sacaba primero uno, luego, dos y hasta tres dedos por mi coño.
- ¿Te la quieres coger? -, le preguntó a Ramiro, quien como respuesta me sobaba las Nalgas mientras su tío me penetraba con los dedos.
- Sí, tío, ¿se puede?
- No sé, pregúntale a ella…
- ¿Te la puedo meter, Puta?
- Cójanme, cabrones. Soy su Puta; métanme la Verga por donde quieran…
Yo estaba irreconocible; el descaro del muchacho al decirme Puta de buenas a primeras, la dedeada de Culo y pucha que me había dado Don Abel desde hace rato y la abundante carga de semen que me había regalado me tenían muy caliente y lo único que quería era una Verga entre las Nalgas. Ramiro se desnudó rápidamente, mientras el conserje pasó sus dedos a mi ano; no podía creer que a los pocos segundos tenía dentro del Culo casi su mano completa; el sobrino aprovecho que tenía el Ojete bien abierto y me la empezó a clavar por el Culo; yo me movía atrayéndolo, como diciéndole en un lenguaje silencioso que la quería toda adentro y el entendió el mensaje, pues me la clavó hasta el fondo. Primero se movía lentamente, pero al poco rato entraba y salía con una rapidez y fuerza asombrosa, mientras yo había dejado los gemidos para dar paso a verdaderos gritos de placer, sin importarme quien me oyera.
Mientras tanto, Don Abel se estaba volviendo a excitar y aprovechó para ponerme su Chile en la cara, dándome leves cachetadas para pararlo mejor, en tanto que yo sacaba la lengua para saborearlo y me movía frenéticamente para sentir más el otro que tenía por el Culo; Ramiro no paraba de preguntarme: “¿Quieres Verga, Perra?”, a lo que yo respondía: “Sí, dámela toda, cabrón. ¡Qué rica la tienes!”.
Estábamos en el momento más soberbio de la mega cogida que me estaban dando cuando volvieron a sonar golpes en la puerta de la entrada del edificio. Ahora sí, era mi esposo que venía por mí y mientras él tocaba, yo tenía una Verga en el Culo y otra en la boca; los tres paramos al oír los golpes en la puerta, cada vez más insistentes, y el primero en hablar fue Don Abel:
- Ve a abrir, Zorra; ahí está las llaves -. Un poco consternada, pues temía que ahí hubiera acabado todo, me levanté para vestirme y abrir…
- No, Putita; que el Cornudo de tu marido vea quién eres. Ve abrirle así como estás…
- Pero…
- Nada, ve y ábrele encuerada e invítalo a que vea cómo te seguimos chingando; es más, embárrate esto…
Tomó una buena cantidad del semen que todavía estaba sobre la cama y me la untó en la boca, por lo que un hilo de leche me escurría por la barbilla y se veía claramente de lo que se trataba. Estaba tan caliente que accedí e, incluso, caminé por el estacionamiento moviendo las Nalgas desnudas, mientras por la puerta abierta mis dos recientes amantes se jalaban el Pito viéndome menear el Culo. Llegué a la puerta y la cara de asombro de mi marido se hacía más evidente por los segundos que tardé en dar vuelta a las cerraduras.
- Pero, ¿por qué estás así?
- Estaba cogiendo -, le contesté descaradamente.
- Sí, ya me di cuenta. ¡Tienes semen en la cara!
Mi respuesta lo excitó más pues, sin decir nada, tomé los mecos con el dedo y me lo chupé introduciéndolos en la boca. “Eres una Puta”, me dijo, mientras lo tomaba de la mano y lo llevaba al cuartito del conserje. Desde lejos, pudimos ver a tío y sobrino desnudos y jalándose la Reata, por lo que antes de que hiciera la pregunta obvia, le dije a mi esposo que era su sobrino y que también estaba jodiendo con él.
- Buenas noches.
- Buenas noches, señor; le presento a Ramiro, mi sobrino.
- Mucho gusto.
- Mucho gusto, señor.
La escena resultaba casi ridícula; mi marido vestido de traje, saludando propiamente a un viejo y un joven completamente desnudos, mientras su esposa, también encuerada, permanecía parada en medio de aquel cuartito donde apenas cabíamos los cuatro. Y más bizarro fue cuando el Cornudo les dio la mano a ambos, quienes con una mano lo saludaban y con la otra no dejaban de tocarse el Pene. Don Abel se levantó y quitó lo que había sobre la única silla que estaba en la habitación, poniéndola en una esquina e invitando al Cornudo a sentarse, mientras le dijo:
- Siéntese, por favor. ¿No quiere un tequilita?
- No, gracias.
- ¡Ándele!, para celebrar que desde hoy su esposa es mi Puta.
No esperó la respuesta del Cornudo de mi marido; inmediatamente sirvió cuatro tragos de tequila y nos los dio. Mi marido se tomaba su copa sentado en la silla; Ramiro lo hacía acostado en la cama y tocándose el Pito, que permanecía extraordinariamente erecto, y Don Abel estaba parado junto a mí, embarrándome el Pene en una pierna y tomándome de las Nalgas; el conserje apuró su trago y me besó en la boca largamente, mientras me sobaba la Cola que estaba a unos centímetros de mi esposo, y Ramiro curveaba la cara para poder ver cómo me fajaba su tío. El conserje me comenzó a voltear hasta que me senté en la Verga de Ramiro, que volvió a perforarme el Culo levantándome las piernas. En esa posición, se podía ver claramente cómo entraba y salía de mi ano el Tolete del muchacho, dando una vista magnífica de mi vulva.
Don Abel se colocó encima de mí y comenzó a ensartar su descomunal aparato por mi Cuca, mientras Ramiro se detuvo un poco para que pudiera tener ambas Vergas en mis dos agujeros; una vez que sentí las dos herramientas hasta el fondo, tío y sobrino comenzaron a acompasarse en un ritmo delicioso; mi marido veía todo azorado, con su vaso con tequila en la mano, mientras yo lo veía a los ojos y le sonreía pícaramente. Así estuvimos como cinco minutos, disfrutando de esos dos estupendos Pitotes por la Pepa y por el Culo, hasta que salió Don Abel rápidamente y, parándose encima de la cama, volvió a descargar su hermoso Fierro en mi cara; si bien la venida no fue tan abundante como la anterior, todavía pude disfrutar de una buena ración de semen que me tragué casi completa y, mientras se venía poniéndome el Palo en la boca, la cogida que me estaba dando su sobrino por el Culo aumentaba de intensidad, hasta que me la sacó y con un leve empujón me apartó un poco de él, quedando yo en cuatro sobre la cama. Fue entonces cuando sentí una oleada caliente de mecos sobre mis Nalgas y la mano de Ramiro esparciéndolos por las dos cachas de mi Culo, al tiempo que me daba sonoros golpecitos con su Verga en las Pompas.
Me vestí rápidamente no sin antes obtener la última manoseada de mis dos nuevos amantes, quienes me besaron en la boca mientras me tocaban todo lo que podían, sin importarles la presencia del Cornudo de mi marido, de quien se despidieron amigablemente y con un apretón de manos. El regreso a la casa fue en completo silencio, aunque en algún semáforo me di cuenta de que el Cornudo de mi marido estaba complacido por lo que acababa de pasar, pues me besaba tiernamente en la boca y me decía: “¡Qué Perra eres!”.
¿Quieres saber qué pasó después con el Conserje y con su sobrino? No te pierdas mi siguiente relato… pronto.
Mi experiencia en el Gang Bang...
Arturo
En el 2007, organizamos una convocatoria para que Puta Sexy recibiera su nuevo nombre (antes era sólo "La Puta"); para ello, convocamos a todos los visitantes de esta página a participar enviando su propuesta de nombre. De entre los más de mil que recibimos, "La Puta" eligió el de Puta Sexy. El premio fue una noche en un hotel con el ganador y los cinco finalistas, quienes la disfrutaron por horas y le dieron su nuevo nombre con un baño de semen. Ésta es la crónica de esa noche narrada por Arturo, uno de sus cinco Padrotes, quien sigue siéndolo y que además se convirtió en un gran amigo.
Veinte minutos antes de las diez de la noche, llego al lugar de la cita. Pido algo de tomar en espera de su llegada. A la hora exacta de la cita, arriban Puta Sexy y el Cornudo, tomando una mesa… y los vi.
Habíamos resultado elegidos cinco de una lista inmensa; se trataba de ponerle nombre a la Puta y, por lo que se vio, el mío, aunque no fue el elegido, quedó en los finalistas de entre los que más le gustaron. El premio: ella, toda una noche para los cinco Padrotes (así decidió llamarnos Puta Sexy) que íbamos a hacer con ella lo que quisiéramos, sin límites. El único obstáculo es que sólo el ganador (Dragón) podría cogérsela; el resto de nosotros, podíamos hacer lo que fuera, excepto penetrarla.
Decidí esperar un poco hasta que el primer Padrote llegara… y llegó. Me acerqué, tome un lugar en la mesa y comenzamos a platicar de diversos temas: política, finanzas, etcétera. Por cierto, Puta Sexy vestía un abrigo negro, sin nada debajo, lo cual me prendió de sobremanera; pues desde la mesa del restaurante del hotel donde estábamos, se dejaba manosear sin pudor alguno por los dos Padrotes que ya habíamos llegado, comprobando así que nuestras manos no se topaban con nada cuando la acariciábamos. Sí, definitivamente se trataba de una Puta.
Llegada la hora, nos dispusimos a subir a la habitación y nos encontramos a dos Padrotes más que justo iban llegando a la cita, quienes saludaron al resto y besaron y manosearon a Puta Sexy a placer, todo de acuerdo a la situación y al papel de cada quien: una Puta para cinco Padrotes.
Al llegar al cuarto, comenzamos a platicar y a bromear en medio de un ambiente muy sano y divertido… esperando ansiosos a que Puta Sexy dejara caer ese abrigo que guardaba una deliciosa sorpresa para sus Padrotes; de pronto, se besaba con uno y con otro, dejando ver lo fácil que es y también, de vez en cuando, podíamos ver una teta, un atisbo de su pucha o de su Culo.
Poco después, a sugerencia del Cornudo, Puta Sexy dejó a un lado su sensual pudor y descubrió ese increíble cuerpo, despertando en nosotros una gran excitación; ahí estaba, completamente desnuda ante nosotros e invitándonos a disfrutarla. Seguimos charlando, mientras la Puta sin vergüenza alguna pasaba de un lugar a otro, dejando que la manoseáramos y chupáramos sin mesura. Se podía ver una boca en sus tetas, mientras una mano hurgaba su panocha o le tocaba el Culo. Ella no se cortaba por nada y se dejaba besar y tocar por todos, despertando la lujuria del ambiente al adoptar decenas de poses lujuriosas, en lo que era sólo un aperitivo de lo que nos esperaba a continuación…
Luego de un rato de jugueteo, pasamos todos a la cama, donde comenzamos a manosear y a chupar a la Puta a nuestro antojo; una decena de manos la recorrían por todos sus rincones y ella, lejos de negarse, facilitaba su emputecimiento y motivaba con palabras, caricias y lamidas que siguiéramos haciéndola lo que era desde que la vimos: nuestra Puta.
Es sorprendente la manera en que disfruta mamar un montón de Vergas; de inmediato, se nota que le fascina tener un buen Pito en la boca, pues las chupaba una tras otra, con avidez, lamiéndolas por completo y tragándoselas completitas, sin importarle a quién pertenecía la que tenía en la boca en ese momento; bastaba con acercarle el pene, para que lo devorara mientras otras cuatro Vergas esperaban su lengua palmeándole la cara.
Al mismo tiempo, ella recibía una rica mamada de sus Padrotes (viniéndose delicioso varias ocasiones), quienes a esas alturas también habían dejado de lado pudores y reservas, confirmando lo que se nos presentaba de frente: que teníamos a una de las mujeres más Putas que habíamos visto a nuestra disposición y que, como con pocas, con ella podíamos servirnos con la cuchara grande; es decir, Puta Sexy dejaba que le hicieran lo que fuera: los dedos de todos se metieron una y otra vez por todos sus agujeros, no dejó Verga sin mamar, ni huevos sin saborear; podía acercarse cualquiera y besarla en la boca o ponerle su Verga en los labios o tocarle lo que fuera...
En eso, llegó la hora en que Dragón, el afortunado ganador que podría penetrarla por donde quisiera, disfrutara de su premio, cogiéndose a Puta Sexy en presencia de sus demás corneadores… y vaya cogida que le acomodó. Lo más excitante era ver a Puta Sexy, sin ningún pudor, abriendo las piernas para uno de sus Padrotes, sin importar que estaba siendo cogida delante de su esposo y de otros tres hombres que la manoseábamos y le dábamos nuestro Palo a chupar, mientras otro lo tenía hasta dentro. Nos calentaba ver la forma en que disfrutaba sentir la Verga dentro y escuchar como pedía más y más.
Ella agradecía las embestidas que le daban y era inevitable que todos le recordáramos que es una Puta, que está muy buena y que siguiera tragando Verga; a ella le encanta que la traten como Piruja y se notaba, pues no hay otra forma de tratar a una Golfa como ella con tanta ansia de Verga, sin un mínimo de recato, pudor o vergüenza.
Momentos más tarde, ya complacido Dragón, parecía que ya nada podría ser más lujurioso; se antojaba imposible que aquella Ramera que disfrutaba de la Verga con tal descaro, pudiera subir un nivel más en la escala de la putería, pero estábamos equivocados… pues comenzó el baño de semen. Completamente excitados, llamándola Puta, Piruja, Golfa o Perra, como si fueran sus nombres verdaderos, y sin la menor contemplación todos vaciamos, uno por uno, toda la lujuria acumulada en esa noche sobre su rostro, mientras el Cornudo de su marido veía cómo cinco desconocidos hasta hace unas horas no sólo manoseaban a su mujer sin detenerse ante su mirada, no sólo uno se la cogía metiéndole la Verga hasta el fondo y ella mamaba cuanto Palo le acercaban, sino que también miraba como esos cinco Padrotes la llenaban de leche en la cara, sacudiéndose el Pito en su boca para que saliera todo y sin bajarla de Puta. Y ella hacía honor a su nombre pues, al ver salir todo ese esperma, no hacía falta decirle nada, pues se lo comía como si fuera el mejor manjar del mundo, lamiendo Verga tras Verga para que no se desperdiciara nada y sin importarle que, a los ojos de todos, no podía ser calificada más que como una Perra caliente.
Al final y sin limpiarse, como presumiendo la ofrenda que acababan de hacer, lucía increíblemente Puta con su rostro cubierto por el cocktail de mecos de sus padrotes, que resbalaban hasta sus tetas y ella no tocaba, más que para tomarlos con sus manos y comérselos con un ansia que era mezcla entre satisfacción y putería.
Poco después, sin antes besarla y manosearla de nuevo, terminó la velada en que Puta Sexy recibió su nuevo nombre de parte de sus nuevos Padrotes, una gran noche que espero se repita pronto.
Arturo
Cómo me convertí en una Puta...
Puta Sexy
Éste es el primer Relato escrito por Puta Sexy, en el que narra cómo se convirtió, poco a poco, en la Golfa que ahora es. ¡Que lo disfrutes!
Si nos vamos al estricto significado de las palabras, no soy una Puta, ya que una Puta es aquélla que da las Nalgas por dinero y yo no cobro ni un centavo; cuando mucho, me gusta que me paguen con semen, pues me encanta tragármelo y sentirlo escurrir por mi cara. Tampoco soy una Perra ni una Zorra, ya que no soy un animal; una Golfa es quien vive en las calles, mientras que yo tengo casa donde vivir, y no soy una ninfómana, pues ésta es la que no tiene satisfacción ni orgasmos, por lo que busca una saciedad que nunca llega a través del sexo. Entonces, ¿qué soy...?
Bien, quizá no en el sentido estricto de las palabras, pero me considero una Puta y estoy orgullosa de serlo; me gusta que me lo digan y me encanta demostrarlo. También me agrada que, como si fueran mis nombres de pila, me llamen Piruja, Perra, Ramera, Zorra, Callejera, Culera, Nalgona, Culona, Lamevergas, Furcia, Tragamecos, Ofrecida, Pervertida, Puerca, Cualquiera, Mujerzuela, Cerda, Degenerada, Nalga fácil, Golfa o Depravada, pues considero que, en un sentido u otro, soy todo eso y más; asimismo, me gusta que me traten como Puta, escuchando todas esas hermosas obscenidades que me hacen constatar que soy una Piruja tanto para mí como para los demás.
Cuando salgo a la calle, siempre lo hago sin ropa interior; me gusta ponerme pantalones ajustados, con los que se marcan mis Nalgotas y que dejen ver que, efectivamente, no traigo nada abajo; también disfruto al ponerme minifalda, pues me calienta saber que traigo la panocha y el Culo al aire, además de blusas que marquen mis pezones al no traer brassiere o, mejor aun, transparentes que dejen entrever mis tetas. Sí, definitivamente soy una Puta.
En la calle, me regalan cualquier cantidad de obscenidades, refiriéndose casi siempre a mi Culo o a lo Puta que me veo; a veces, respondo con una sonrisa o un “Gracias”, lo que desconcierta a algunos, pues no están acostumbrados a que una mujer les agradezca cuando le dicen “Qué buen Culo tienes, Puta”. En ocasiones, las menos, aquellos machos que me dicen perversiones en la calle, al ver que no me desagrada sino al contrario, se acercan y me manosean en plena calle, y hasta he cogido con algunos de esos completos extraños en un hotel cercano o hasta en sus automóviles. Sí, soy una Puta.
Y es que me encanta la Verga: su consistencia, su forma, su sabor y, sobre todo, lo que me hace sentir. No me niego a ninguna, a sólo que huela mal o que su portador tenga menos de 18 años; todas las demás tienen un lugar en mi boca, en mi Culo, en mi pucha y en el resto de mi cuerpo. Me fascina masturbarlas, lamerlas, tragármelas, chuparlas, besarlas, acariciarlas, apretarlas y que llenen todos mis agujeros, sobre todo el Culo. Es por donde más me gusta: no hay nada como sentir un buen pedazo de carne entre las nalgas y disfruto mucho cuando cualquiera me hace el honor de encularme. Sí, no hay duda, soy una Puta.
Estoy disponible siempre y para quien sea; me ofrezco a la menor provocación y no resisto cuando me ponen una Verga en la cara, la mamo sin pensarlo aunque no haya cruzado una palabra con quien me la embarra. Si me ves en la calle y me reconoces, no lo dudes, ni siquiera tienes que decir nada, méteme la mano entre las Nalgas, las tetas o la pucha, bésame, lámeme y cógeme, que no tienes que pedir siquiera permiso. Me frustra no poder coger con todos quienes visitan esta página, pues son cientos los correos que llegan a diario; por eso, debemos hacer una selección de las Vergas que más se me antojen para darles las Nalgas pero, si por mí fuera, tomaría tu leche y la de todos los demás y me bañaría con ella en una tina. ¡Mmmh, un baño de mecos! ¿Seré una Puta?
Una de las cosas que más disfruto son los masajes; me gusta cuando un hombre manosea todo mi cuerpo, dejando mi Culo, pucha y tetas al descubierto. En ocasiones, en algún hotel de playa o spa, pido un masaje, aunque siempre debe ser un hombre quien me lo dé. Es gracioso ver cómo la cubren a una con toallas para que no se vea nada al dar el masaje; yo siempre me las quito y pido al masajista que me lo haga completamente encuerada, provocándolo cuando me empino, abro las piernas o le pido que masajé aquellas partes que no están contempladas en el “servicio”, y más de una vez he terminado bien cogida después de una de esas sesiones de masaje. Soy una Puta.
Otro de los factores que me calientan es el sexo oral. Me enloquece cuando me maman la pepa y el Culo y puedo estar horas con una lengua (o varias) entre las piernas, pero lo que más me gusta es el semen, el esperma, los mecos, la leche… Agradezco y disfruto tanto cuando uno de mis picadores me llena de leche y más cuando me vacía sus deliciosos mecos dentro de la boca, degusto su exquisito sabor y consistencia y casi siempre me los trago todos. También me gusta que me escurran en la cara o en cualquier parte del cuerpo y jamás me los limpio; si me los echan en la cara, ahí los dejo para que quede constancia de lo Piruja que soy, y puedo salir a la calle con la cara llena de semen y que me tachen de Golfa; finalmente, eso soy: una Puta.
¿Y quién puede siquiera dudarlo? Al momento que escribo esto, van más de 100,000 entradas a esta página, lo que quiere decir que ya son decenas de miles los hombres que me han visto encuerada; además, por lo menos 1,000 han tocado mi cuerpo, se las he mamado o me han cogido por todos mis orificios, y miles, ya sea por mail, por teléfono o en persona, me han dicho Puta más que mi nombre de pila. Sí, soy bien Puta.
Pero, ¿cómo fue que me convertí en una Mujerzuela? Creo que todas las Putas nacemos con algún gen que nos define como Zorras, aunque tardemos en descubrirlo, como fue mi caso. Sé que nací Puta pero, aunque nadie me lo crea, perdí mi virginidad a los veintiún años; en la adolescencia, era la clásica noviecita de manita sudada y, salvo algunos toqueteos, me mantuve así hasta pasados los veinte. Algo dentro de mí me ponía en ebullición y mi cuerpo pedía lo que aún no conocía: la Verga, pero fui educada en una familia en la que sus valores indican que no hay que tener relaciones sexuales hasta el matrimonio.
Fue así que conocí al Cornudo de mi marido; cuando éramos novios, perdí mi virginidad con él (por lo que no respeté los cánones de mi familia, como se puede leer) y, poco a poco él fue abriendo para mí las doradas puertas de la Putería. Él fue el primero que me la metió por la vagina, por el ano y por la boca, y su Verga fue la primera que mamé. Ya casados, me enseñó todo tipo de posiciones y variantes sexuales, que me viciaban cada vez más y siempre andaba con ganas de que me la metiera.
Nuestro contacto sexual con el exterior comenzó con el exhibicionismo; no le costó mucho trabajo convencerme de que no usara ropa interior, por lo que siempre salía (y salgo) a la calle con el Culo y la cuca al aire; él me manoseaba delante de todos y en ocasiones me levantaba la falda para que todos pudieran admirar mis Nalgotas y mi coño; al principio, me ponía nerviosa y me cubría de inmediato, pero poco a poco fui perdiendo la vergüenza, el recato, la moral y los prejuicios, y ahora puedo caminar cuadras enteras con el Culo a la vista de los demás, siempre y cuando no haya un niño por ahí, pues somos muy respetuosos de la infancia, de sus valores y de su formación.
Fue así como comencé a vestirme cada vez más Puta y me encantaba ver que a mi esposo, lejos de molestarle, le gustaba que me dijeran cosas en la calle y que me vieran descaradamente las Nalgas, y hasta disfrutaba (y yo más) cuando nos subíamos a algún transporte público, elevador o sitio muy concurrido, y muchas manos sobaban mi cuerpo “accidentalmente”, sin que opusiera yo ninguna resistencia. Me fascina sentirme manoseada por extraños y lo provoco cada vez que puedo.
Planeamos, entonces, un viaje a un hotel en el que ponerse ropa es opcional, por lo que se puede andar en cueros por todas las instalaciones; cuando me lo propuso, me dieron nervios, pero también me excitaba mucho la idea: mostrarme por fin como Dios me trajo al mundo delante de decenas de ojos; nos fuimos en coche hasta Tenacatita, Jalisco, a un hotel que está en medio de la nada y donde casi todos toman el sol sin ropa alguna. En el camino, iba nerviosa y todavía no me decidía a encuerarme por completo; ya sabía que era una Puta y se me antojaban todas las Vergas, pero me era muy difícil dar las Nalgas a alguien que no fuera mi marido. De ese viaje, se desprende el relato aquí publicado con el policía de caminos y el otro con Joel, por lo que no profundizaré más en ese viaje que fue mi primera experiencia sexual con otros hombres…
Mi esposo ya me llamaba Putona con más frecuencia, lo cual me excitaba y sentía que era el término exacto que debían usar conmigo. Poco a poco me avergonzaba menos tener la panocha tan caliente y deseosa de Verga, y sabía que eran dos cosas distintas el amor que sentía y siento por mi esposo y las ganas que tenía por dentro de entregarme a cualquiera. Cuando regresamos del viaje, era ya otra persona; me sentía la más Puta de las mujeres y me encantaba serlo, ya me vestía diferente y actuaba diferente, en tanto que los nervios iban desapareciendo para dar paso a una coquetería descarada con quien se cruzara en mi camino.
Comencé a darme cuenta de que, a diferencia de la mayoría de las mujeres, para mí no había distinción entre un hombre y otro; al principio, me asustaba ser tan Golfa y querer disfrutar de cualquier Verga, pero poco a poco me fui entregando a mi Putería, aceptándome como lo que era y soy: una Puta. Era un verdadero milagro saber que mi esposo no sólo estaba de acuerdo en ser un Cornudo, sino que lo disfrutaba y me impulsaba cada vez más a dar las Nalgas y ofrecerme como una Callejera. Ansiaba revivir lo que pasó con Joel en Tenacatita, pero todavía no sabía cómo hacerlo y me limitaba a vestirme con ropa más atrevida y ver qué pasaba, lo que motivó más obscenidades en la calle que me encantaba escuchar y algunos toqueteos que me dejaban con ganas…
Me gustaba (y me gusta) andar semi encuerada por la casa y abrir la puerta así, como si no me diera cuenta, cuando alguien toca, y así fue como tuve la siguiente experiencia sexual como la flamante Piruja en la que me había convertido, que fue muy rápida, pero muy excitante: Ya había pasado casi una semana desde que habíamos regresado del viaje, era un sábado por la mañana y el Cornudo y yo descansábamos en la cama de nuestra casa, cuando sonó el timbre: eran los empleados de la compañía de gas, que traían el tanque que habíamos pedido días antes.
Cuando llevaban el gas, era mi marido quien los recibía para que hicieran el cambio de cilindro y ya estaba vistiéndose para bajar a abrir, cuando una sonrisa se dibujó en su cara y me dijo que fuera yo quien les abriera. Yo sólo traía un short con el que se me veían prácticamente todas las Nalgas y parte de la pepa (el mismo que está en algunas fotos de esta página), por lo que le dije al Cornudo que tardaría en vestirme para bajar a abrir; por supuesto, él me dijo que bajara así y los provocara para ver qué pasaba; primero, me negué pues se me hacía muy aventurado, pero la calentura que sentía desde hace días me hizo aceptar y sólo me puse un top con el que se veían claramente mis pezones.
Cuando abrí la puerta, el empleado cargaba un cilindro de gas, listo para entrar y colocarlo pero, al verme así, se quedó anonadado y se le atragantó un “Buenos días” que apenas pude escuchar. Yo, muy normalita, le contesté el saludo y le pedí que pasara, caminando delante de él y sintiendo su mirada en las Nalgas, mismas que yo movía un poco más de lo normal para calentarle la Verga; lo conduje al traspatio, donde teníamos los tanques de gas y el se apresuró a colocarlo, mirándome de reojo como sin creer que una mujer pudiera salir así a recibir el gas, y es que el short está cortado de manera que no sólo muestra las Nalgas casi en su totalidad, sino que también se ve la panocha porque sólo la tapa un leve hilo de tela que continúa por arriba de la pucha; en pocas palabras, resultaba muy claro que estaba ofreciéndome.
Yo pensé que todo quedaría como un acto exhibicionista muy excitante, sin entrar en contacto, pero no fue así… Le pagué por el tanque de gas y le pedí que me esperara, pues me faltaban veinte pesos para completar el pago; yo estaba muy caliente y dispuesta a cualquier cosa con tal de sentir su Verga adentro, por lo que me movía y sonreía exageradamente para que se diera cuenta de que ahí había una Zorra dispuesta a darle las Nalgas y resultó... luego de un diálogo que se desarrolló más o menos así:
- No se preocupe, señorita. Si quiere puede completarme de otra manera -, dijo un poco nervioso, pero decidido a correr el riesgo y mirando como se me salían los vellos del minúsculo pantaloncito.
- ¿De qué manera? -, le pregunté coquetamente, poniendo las manos en la cintura y empinándome levemente.
- Pues… se ve que es usted muy liberal y además está muy bonita -, se arriesgó mientras se aproximaba a mí lentamente.
- ¿Quieres que te pague con cuerpo los veinte pesos que faltan? ¿Crees que todo esto cuesta sólo veinte pesos? -, le dije mientras me pasaba las manos por el cuerpo descaradamente, pero él pensó que me había ofendido y dijo:
- Discúlpeme, señorita, no quería molestarla…
- No, no, no. Está bien, no me molesté… -, le dije esperando que no acabara ahí todo.
- ¿Y su esposo?
- Está allá arriba…
- Híjole, mejor me voy. Si quiere aquí la espero para que traiga los veinte pesos…
- ¿Y si te los pago como me dijiste? – le propuse convertida en toda una Puta descarada y acercándome a él, animándome a tocarle la verga por encima del pantalón, la cual estaba completamente erecta y pugnando por salir. Él se veía nervioso y volteaba para ver si no venía nadie, por lo que me dijo:
- Pero… ¿y si viene su esposo? -, me preguntó mientras me magreaba las nalgas.
- No te preocupes; él es un Cornudo que sabe que su esposa es una Puta.
- Bueno, pues a la salud del Cornudo, entonces. Ponte de Culo, mamacita.
Yo obedecí recargándome en uno de los lavaderos y empinándome para que me cogiera. Estaba muy excitada y muy emocionada; sería la primera vez que le daría las Nalgas a un completo desconocido en mi casa, mientras el Cornudo veía la televisión en nuestra recámara. El gasero estaba ya completamente liberado y, luego de quitarme el short para dejarme la Cola desnuda y subirme el top para liberar mis tetas, se hincó detrás de mí y me mamó el ojete y la pepa, mientras me decía cosas más o menos como éstas: “Qué sabrosas Nalgas tienes”, “Eres una Puta de veinte pesos”, “¿Así te vistes siempre que abres la puerta, Perra?”, “Cuéntale al pinche Cornudo de tu marido cómo te estoy cogiendo”…
Yo me limitaba a mover el Culo, sintiendo su lengua entre las Nalgas y disfrutando de una que otra Nalgada que me regalaba; al poco tiempo, se incorporó y me puso la Verga en la raya de mis pompas, frotándola fuertemente, sosteniéndome de los senos y con sus pantalones en los tobillos, mientras alternaba besos en mi cuello y mis orejas con palabras como: “Puta”, “Nalgona”, “Perra” y “Piruja”. No tardó mucho en clavármela en esa posición, haciendo un fuerte ruido sus huevos rebotando en las cachas de mis Nalgas y, de reojo, pude ver como el Cornudo de mi esposo observaba la escena desde las escaleras, sobándose el Palo mientras se chingaban a su esposa.
El gasero se vino muy rápido, echándome los mecos sobre las Nalgas y la espalda, concluyendo con besos en mi cuello y subiéndose rápidamente el pantalón. Yo estaba como poseída y no me movía de esa posición, meneando todavía las Nalgas como si me la siguiera clavando, mientras él me preguntaba si me había gustado, Nalgueándome levemente y sin bajarme de Puta; sentía su leche escurrir por mis piernas y no me di cuenta cuándo se fue y mi esposo entró al traspatio, hasta que el Cornudo me dijo:
- Eres una Putona -, mientras me sobaba las Nalgas y se chaqueteaba el Pito viéndome toda mequeada por el gasero.
Y Y así, con el semen de mi más reciente picador entre los dos, me cogió en la misma posición, mientras yo lo excitaba con frases de este estilo: “¿Te gustó cómo me la metieron, Cornudo?”, “Eso era lo que querías, ¿no?”, “¿Te excita que tu mujer sea una Puta?”, “Viste cómo me Nalgueaba en tu cara”, “¿Qué se siente cogerte a tu esposa bañada en los mecos de otro?”. Le excitaron tanto mis palabras y la situación en sí que, a punto de venirse, me tomó del cabello y me hincó, para vaciar su leche en mi cara. Yo estaba más Perra que nunca y mezclaba su semen con el del gasero, recogiéndolo de mis Nalgas, para comérmelos sin saber cuál era de quién y escuchando cómo, al igual que el gasero, mi Cornudo marido no me bajaba de Piruja degenerada.
Para ser honesta, horas después no entendía cómo me había atrevido a hacer eso. Sí, ya sabía que me había convertido en una Puta fácil y degenerada, pero todavía me ruborizaba ofrecerme de esa manera, aunque cada vez que lo recordaba, irremediablemente, se me mojaba el coño deseando hacerlo de nuevo. Me daba cuenta de que no sólo era una Ramera Cualquiera, sino también una viciosa de la Verga; poco a poco, ese sentimiento de incomodidad fue cediendo a uno de satisfacción y deseo, y ya no me conformaba con que mi Cornudo marido me hiciera el amor, sino que ansiaba más Pitos y soñaba con que cientos de ellos me emputecían cada vez más.
Cada vez me vestía más provocativa y me gustaba el efecto que causaba con ello; al platicar con mis amigas, veía cómo les molestaba que les dijeran cosas en la calle; sin embargo, a mi me halagaban las vulgaridades que me proferían y me ponían caliente; comencé a percatarme de que mientras más bajas y depravadas, me excitaba más, y no me importaba de quien vinieran. Impulsada por eso, cambié mi vestuario: antes, iba a trabajar con traje sastre, medias y ropa interior, pero al paso del tiempo cambié mi ropa por micro falditas, pantalones embarrados y blusitas ligeras, sin usar medias ni ropa interior; me encantan también las faldas de gasa, que se transparentan y, fijándose bien, hacen notar que no traigo nada debajo.
Siempre tomaba taxi para ir a trabajar y continué haciéndolo vestida como Mujerzuela, lo que provocaba constantes miradas en los retrovisores de los taxistas, quienes casi siempre se la pasaban elogiándome durante el camino, mientras yo abría descaradamente las piernas, mostrando la pepa, como si no me diera cuenta. Algunos hasta me preguntaron que si era Prostituta, a lo que siempre respondía que no; pero lo mejor venía cuando traía micro falda y me bajaba del taxi, pues era inevitable que, al agacharme para salir, mis Nalgas desnudas quedaran muy cerca de la cara del taxista. A veces, cuando corría con suerte, me sobaban el Culo al bajarme y hasta me daban algunos lengüetazos y Nalgadas, pero siempre arrancaban rápidamente, como si hubieran hecho algo malo.
En mi trabajo, los hombres se acercaban más a mí, en tanto que las mujeres se alejaban; mi jefe me llamaba constantemente a su oficina y mis compañeros me invitaban a comer o pasaban largo tiempo en mi lugar platicando. Yo a todos les sonreía Putonamente y les daba entrada, sugiriéndoles con mi actitud que estaba abierta a cualquier cosa; no obstante, pensaba que me podría meter en problemas en mi trabajo, por lo que esquivaba sus insinuaciones para ir más allá.
A pesar de lo anterior, el Cornudo de mi marido me animaba a excitarlos cuando le platicaba sus reacciones y a mi se me antojaba cada vez más ser la Puta de la oficina; ya fantaseaba con dárselas a todos y con tener todos esos Penes, lenguas y manos a mi disposición, pero no me animaba. Fue entonces cuando mi marido comenzó a convencerme de entregarme a mi jefe; se trata de un hombre de unos 55 años, apuesto, que siempre me ha gustado. Hasta ese momento, no había pasado de dedicarme cientos de miradas lujuriosas y frases como: “Qué linda se ve hoy…”, “Qué bien le queda esa ropita…” o “A ver qué día vamos a tomar una copa...”. Yo siempre respondía con una sonrisa coqueta, pero nada más y, al llegar a casa, le comentaba a mi marido de esos acercamientos y el me animaba a Putear más…
Era inevitable que la ocasión se presentara y ésta llegó una tarde-noche que me quedé a trabajar más tarde, pues tenía muchas cosas pendientes. En la oficina había, a lo mucho, tres personas y mi jefe se había ido a una comida, por lo que pensé que no regresaría. La verdad es que en lo último que pensaba era en sexo, pues tenía trabajo urgente y no me podía ir si no lo concluía; no obstante, mi vestimenta, como ya era costumbre, sugería otra cosa: traía una blusa negra semi-transparente, sin brassiere, y una micro falda blanca, de esas apretadas y que apenas cubren el Culo; sin calzones ni medias y zapatos de tacón de aguja. Parecía Prostituta y así me catalogaban las demás mujeres que trabajan ahí, pero mi jefe nunca me había dicho nada y a mí me encantaba enseñarlo todo.
Los escritorios permitían que, al sentarme, se me viera inevitablemente la concha, aunque no era fácil pues el pasillo adonde da mi lugar es muy estrecho y es necesario agacharse para ver el espectáculo; aun así, como muchos saben que no uso ropa interior, curiosamente se les caen cualquier cantidad de objetos frente a mi lugar y tardan más de lo normal al levantarse después de recogerlos.
En fin, ese día estaba absorta en la computadora, por lo que no me fijé cuando llegó mi jefe, sino hasta que lo tuve parado detrás de mí; veía sin ver lo que hacía en la máquina y se notaba que se le habían pasado bastante las copas y, aunque no perdió al principio su trato formal y educado, se animó a mucho más al verme ahí, sola y ofrecida. Lo que platicamos fue más o menos como sigue:
- Buenas noches (mi nombre), ¿trabajando tan tarde?
- Buenas noches. Sí, tengo que terminar esto hoy forzosamente y no me puedo ir hasta que termine.
Dicho esto, me puso una mano en el hombro y comenzó a acariciarlo, a lo cual yo hice como si no me diera cuenta. Entonces, propuso:
- ¿Me regalas dos minutos? Tengo que platicar contigo algo de trabajo, pero termina. ¿Tardas mucho?
- Unos quince minutos, pero si prefiere, vamos...
- No, te espero en mi oficina cuando acabes.
- OK, en seguida voy.
Como a los veinte minutos apagué la computadora y me dirigí a su oficina, tocando la puerta antes de entrar, y sentándome frente a él, con lo que sólo nos separaba su escritorio. Él seguía tomando y ya se notaba que arrastraba un poco las palabras, y sus miradas eran ya muy descaradas a mi cuerpo, lo que me empezó a calentar. Comenzó charlando cosas del trabajo, por lo que pensé que no pasaría de ahí, pero bruscamente cambió de tema al ofrecerme una copa:
- ¿No quieres un whiskito? Todavía es temprano...
- No sé, tengo que llegar a la casa y mañana tengo que llegar temprano a entregar el trabajo que hice.
- No te preocupes. Dame el trabajo, yo lo entrego por ti y llega a la hora que quieras.
- Pero...
- Nada. Tú te tomas una conmigo, que casi nunca convivimos.
Se paró de su lugar y me sirvió una copa igual a la que él estaba tomando y, al dármela, inició un suave masaje en mis hombros, por lo que no puede evitar exclamar: ¡Qué rico! Él sonrió y se sentó sobre el escritorio, frente a mí, por lo que su deliciosa Verga, todavía enfundada en su pantalón, estaría a unos quince centímetros de mi cara.
- Cuéntame. ¿Eres casada, verdad?
- Sí, desde hace tres años.
- Tu esposo debe estar muy contento de tener todos los días a una mujer tan linda para él solo.
Sonreí ante el elogio y le di un trago más a la copa, y él continuó:
- ¿Te puedo hacer una pregunta indiscreta?
- Claro, dígame.
- No me hables de Usted, por favor.
- Bueno, dime...
- Con ese cuerpo escultural, ¿tu esposo no se enoja de que te vistas tan... coqueta?
- Al contrario, a él le gusta mucho.
- Permíteme, por favor.
Me tomó de la mano y me levantó de la silla, dándome una vuelta y observándome de pies a cabeza.
- Con todo respeto, que bonitas Pompas tienes.
- Gracias, qué amable.
- Mándame a la fregada, si quieres, pero te tengo que pedir: ¿me las enseñarías un poquito? ¿Podrías subirte un poco la falda?
- ¡¿Cómo crees?! No, además no llevo – iba a decir que no traía calzones, pero me detuve ante lo provocativo que sería confesarlo.
- No llevas qué... ¿tanga? Eso ya lo sé, amor, nunca traes. Por favor, sólo un poquito.
Yo ya estaba muy caliente y accedí. Me di la vuelta, dejando mis Nalgas a escasos centímetros de él y, sin importarme nada y empinándome un poco, me levanté la falda a medio Culo.
- ¡Qué delicia! ¿Por qué no te la quitas?
Mi cachondería estaba al máximo, por lo que dejando de lado prejuicios y vergüenza, me desabroché la falda y la dejé caer al piso, dejando la Cola completamente desnuda y demostrando la clase de Piruja que soy. Él ya se sobaba el Pito y, como si tocarlas provocara un cambio automático en su actitud, comenzó a sobarme las Pompas sin que yo me moviera más que para facilitarle la labor empinándome más, y exclamando con una obscenidad nueva en él, al menos para mí:
- Tienes un Culo delicioso.
- Gracias, a la orden -, mi respuesta lo calentó demasiado y siguió magreándolo metiéndome el dedo entre las Nalgas y en la pepa.
- Ya me había dado cuenta de que eres una Puta, pero no sabía cuánto.
- Sí, soy una Puta – contesté con la panocha completamente mojada y deseando que me cogiera ahí mismo -, me fascina dar las Nalgas, por eso me visto como una Callejera.
- Eres una Perra caliente. Siempre me ha gustado ver cómo te ofreces con esa ropa que apenas cubre tu cuerpo de Golfa. Pareces Prostituta y luego luego se ve que te encanta la Verga.
Ya me había quitado la blusita y estaba ahí, en medio de su oficina, completamente encuerada y ofreciéndome como una Mujerzuela. Su Verga ya estaba de fuera, pues momentos antes se había quitado el pantalón y los calzones, y me la embarraba en medio de las cachas de las Nalgas sobando mis tetas por detrás.
- Sí, me fascina la Verga y que todos se den cuenta de la Zorra que soy. La que no enseña no vende -, dije con coquetería.
- Y se ve que tú vendes muy bien, pinche Piruja. ¿El Cornudo de tu marido sabe que eres tan Buscona y Ofrecida?
- No sólo lo sabe, sino que lo provoca. Ya me ha visto dárselas a otros delante de él.
- Ya me imaginaba que una Cualquiera como tú no podía ocultar su Putería ni al pinche Cornudo de su marido. Desde ahora, quiero que seas mi Puta personal.
- Encantada. Puedes tomarme cuando quieras.
Dicho esto, me ensartó la Verga por la pepa y me cogió con mucha fuerzo, provocando que se viniera casi de inmediato, lo cual me provocó un poco de decepción, pues todavía no se me bajaba la calentura.
¿Quieres saber qué pasó después? No te pierdas mi próximo relato, en el que te voy a seguir contando cómo me convertí en una Puta...
Coctel de Vergas para Puta Sexy
El Cornudo
El pasado 16 de agosto de 2007, se celebró el primer Gang Bang realizado entre Puta Sexy y cuatro visitantes de esta página. Éste es el relato de lo que ocurrió en la mega cogida que le dieron a Puta Sexy:
La lluvia y los nervios eran el marco que, poco antes de las ocho de la noche, anunciaba el preludio del Gang Bang al que habíamos convocado a los visitantes de la página. La selección fue difícil, pero Puta Sexy, completamente encuerada y sobándose el coño, miró una a una las vergas que nos mandaron por correo. Yo ya me sentía Cornudo desde que la vi saborearse todos esos pitos en la pantalla y se me paraba el pene de leer el descaro con que nos decían cómo se cogerían a la perra de mi esposa, además de sentir su humedad mientras los leía.
Ella eligió a cinco sin el menor atisbo de pudor; todavía me sigue sorprendiendo que mi mujer, con la que me casé por todas las leyes, sea tan piruja para ofrecerse de esa manera a cinco cabrones que ni conoce. Ya son decenas de miles los que le conocen el culo, la pepa y las tetas aunque sea por Internet, y cientos los que la han hecho su Puta en vivo y a todo color. No cabe duda, me casé con la mujer más golfa que he conocido en mi vida.
En el coche, Puta Sexy iba nerviosa y caliente, deseosa de sentir todas esas manos en su cuerpo, pero tensa por la experiencia que iba a realizar por primera vez. Días antes fuimos a comprar el traje de colegiala a una sex shop; se lo probó ahí mismo y salió con el culo al aire a mostrármelo; se veía riquísima y sólo lamenté que el empleado de la tienda fuera homosexual, pues le mostraba las nalgas como si tal cosa y de tal forma que otro, sin esas preferencias, se la hubiera culeado ahí mismo.
Llegamos al bar del Hotel Oslo, ubicado en la esquina de Eje Central y Viaducto, media hora antes de la cita; dejé a Puta Sexy disfrutando de un Tequila Sunrise mientras alquilaba la habitación y preparaba todo, como buen Cornudo, para que se chingaran a mi mujer: el jacuzzi a punto, las bebidas a la mano y el disco que habíamos llevado para la música ambiental puesto para la ocasión. Cuando bajé al bar, cerca de las ocho de la noche, no había llegado nadie, pero minutos después me encontré en la recepción a Gerardo quien me acompañó al bar y le presenté a la piruja de mi mujer; al poco rato, también arribaron Luis Antonio y Álex, y entre los cinco platicamos un rato esperando a los dos que faltaban…
En el bar, Puta Sexy iba vestida con un pantalón de mezclilla entallado y una blusa, muy normal. Queríamos que notaran el cambio con el traje de colegiala, que constaba de una blusita muy corta y que dejaba ver el nacimiento de sus pechos, además de una faldita rosa y tableteada a media nalga, con un liguero incluido que soportaba las medias blancas que dibujaban sus piernas a medio muslo. Se veía putísima cuando subimos al cuarto, sólo ella y yo, para que se pusiera en traje de carácter; les indicamos a Gerardo, Luis Antonio y Álex, que subieran en 15 minutos para la orgía, pues los otros dos invitados no pudieron llegar.
Cuando tocaron la puerta, Puta Sexy ya llevaba la mitad de otro Tequila Sunrise y tenía las nalgas dispuestas a todo; entraron y nos acomodamos en una salita que tenía la suite que alquilamos: la perra de mi mujer entre Luis Antonio y Álex, y Gerardo y yo en otro sillón. Luis Antonio fue el primero en entrar a bañarse, mientras Álex recargó a Puta Sexy en su regazo y le sobaba las tetas descaradamente, platicando de temas superficiales entre todos. Gerardo podía verle la pepa a mi esposa pues ésta, totalmente desinhibida, abría las piernas para mostrarla. De vez en cuando, la plática se concentraba entre Gerardo y yo, y de reojo veía cómo Álex besaba en la boca a mi mujer, metiéndole el dedo en la panocha.
Luis Antonio salió de bañarse y le tocó el turno a Gerardo; seguimos conversando, sólo que ahora yo estaba solo en un sillón viendo cómo mis corneadores se agasajaban, uno a cada lado, con el cuerpo de la Puta de mi mujer. Ella ya tenía una teta de fuera y cuatro manos que la manoseaban por todos lados, ofreciendo su boca a uno y a otro que la besaban por intervalos. El cuadro era muy lujurioso: platicábamos de diversos temas como cuatro buenos amigos en la sala de un departamento, con la diferencia de que el Cornudo del marido veía desde un sillón cómo se fajaban y besaban a su esposa, mientras ella les toqueteaba las vergas por encima del pantalón.
Ya todos llevábamos un par de tragos cuando Gerardo salió del baño; Álex ya se había bañado y nosotros también, por lo que podría empezar lo bueno. Sintiéndome el más Cornudo de los hombres (probablemente lo soy), les servía los tragos a los picadores de mi esposa, quienes con una mano tomaban la copa y con la otra le sobaban las nalgotas a mi mujer; cuando me paré a poner el disco con canciones cachondas para que Puta Sexy se luciera, la timidez de todos los participantes había desaparecido por completo y yo era un espectador que veía cómo emputecían más a su esposa sin el menor recato y, desde luego, sin que ella opusiera ninguna resistencia. Todavía no se la cogían ni liberaban sus toletes del pantalón, pero ella ya estaba empapada de tanto manoseo que le daban y, en una hora que había durado el preámbulo, ya la habían besado tres hombres que no conocía y le habían tocado cada rincón de su cuerpo.
La música sonó y Puta Sexy se paró a bailar; fue entonces cuando cuatro vergas, incluida la mía, se chaqueteaban liberadas de la ropa, ante los movimientos de la zorra que teníamos enfrente. Movía las nalgas como una auténtica teibolera y la faldita poco podría tapar de esa cola desnuda que se ofrecía a todos los presentes; el primero en disfrutar del baile depravado de la perra fue Luis Antonio, a quien le restregó los glúteos en la cara, mientras los tres restantes veíamos cómo desaparecía su lengua entre las dos cachas y sus manos recorrían las tetas de fuera de Puta Sexy; una mano más, la de Álex, acariciaba sus piernas como esperando turno.
Cuando la putona sintió un dedo de Luis Antonio en el ojete, se separó de él para darle batería a Álex. Finalmente y como buena mujerzuela, tenía que contonearse para todos los presentes que le ofrecían su verga. Álex la recibió de frente, con una mano en las tetas y otra en la pucha, mientras ella seguía bailando medio empinada, con lo que todos podíamos ver su espléndido culo completo asomándose por debajo de la faldita. El recato estaba completamente olvidado y se escuchaban las palabras: Puta, piruja, perra, además de obscenos elogios a su culo, concha y tetas, mezclados con miradas descaradas a sus nalgas que, no sólo estaban al alcance de cualquier mano, sino que parecían pedir… suplicar que fueran magreadas por cualquiera.
Gerardo, sentado junto a mí, fue el tercero que disfrutó del baile sexual que hacía mi mujer, mientras las manos de Álex y Luis Antonio se peleaban por acariciar su culo y meterle los dedos por los dos orificios. A mí ya me pesaban los cuernos al ver, al lado mío, cómo Gerardo le besaba todo a mi esposa, mientras ella se agarraba de su nabo como si se estuviera sosteniendo de él, jalándoselo lentamente y sintiendo en su mano el lubricante que poco después se llevó a la boca.
Cuando me bailó a mí, había pocos espacios que tocarle a la Puta de mi mujer, ya que seis manos la recorrían de pies a cabeza, pero me di la maña para dejarla completamente encuerada; siguió bailando al centro, ya sin prenda de ropa alguna, mostrando generosamente el vaivén de sus nalgotas y su pucha caliente, con los pezones de sus tetas bien parados y listos para ser saboreados. Fue entonces cuando sacó a bailar a cada uno de los participantes: Álex y Luis Antonio, en ropa interior, bailaban pegados a ella, dejándole sentir sus pitotes contra su cuerpo. Me acerqué a ver más de cerca el espectáculo y Gerardo me imitó, haciéndose una paja mientras veía cómo, más que un baile, era una masajeada entre tres personas: ella sobando los dos fierros que tenía a la mano y ellos turnándose sus nalgas, tetas y pucha para manosearla.
La llené de aceite en todo el cuerpo para hacer más fácil la mega cogida. Y mientras el Cornudo de su esposo la preparaba para sus picadores, éstos ya disfrutaban de las mamadas que les daba en las vergas. Se comió las tres, ensalivándolas bien desde el tronco hasta la punta, y mientras chupaba una, las otras la cacheteaban levemente esperando su turno. Puta Sexy no dejó pasar la oportunidad de meterse en la boca, uno a uno, los seis huevos que tenía a la mano, chaqueteando las otras vergas y emputeciéndose cada vez más.
De pronto ella se separó y contoneando las nalgas se dirigió a la cama, acostándose boca arriba y abriendo las piernas, dejando ver su pucha mojada. Por lo visto, Álex quería continuar con la verga en la boca de Puta Sexy, por lo que se posicionó a su lado, dejándole el pito a la altura de sus labios, mismo que la perra de mi mujer lamió de inmediato como si fuera una deliciosa paleta; Gerardo hizo lo mismo, pero del otro lado, y la cabeza de Puta Sexy se movía de un lado a otro, repartiendo mamadas a uno y al otro. Luis Antonio se apropió de su panocha, lengüeteándola con descaro y metiéndole los dedos en la pepa y en el culo, mientras yo le sobaba las tetas y disfrutaba de la pitiza que le estaban dando. Con una verga en cada mano, despegó sus labios de los toletes que le daban placer para preguntarme: “¿Te gusta cómo me cogen, Cornudo?”, a lo que yo respondí besándola en la boca, jalándome la verga y viendo cómo masturbaba a dos machos y otro le lamía la pepa.
Con la verga parada, Álex dejó de lado la mamada que le estaba dando la piruja de mi mujer, para subirse encima de ella y, con un leve gemido, recibió el primer tolete en su pucha. Se la cogía rápidamente, mientras le decía lo Puta que es; Gerardo, Luis Antonio y yo veíamos el espectáculo masturbándonos y manoseándola, mientras ella, inspirada por el pedazo de carne que tenía adentro, no dejaba de decir que era la Puta de todos, que se la cogieran, que sus nalgas eran de quien las quisiera tomar.
Fue Luis Antonio quien enseguida aprovechó la invitación, luego de que Álex se saliera de su coño, y la puso de perrito para clavarle el pito. Sus frondosas nalgas se alzaron desafiantes a la altura de la cara de todos los presentes, quienes aprovechamos, antes de que Luis Antonio se la jodiera, para darle algunas lamidas de culo. Así, como auténtica perra, dejó entrar el nabo de Luis hasta el fondo de su pepa y yo aproveché para irle lubricando el culo, pues ahí también le iban a entrar todas esas vergas. Gerardo se paró en la cama y puso su pene a la altura de la boca de Puta Sexy, quien lo mamó con pasión, mientras Álex y yo le lamíamos una teta cada uno.
De pronto Álex me dijo que se tenía que ir, pero no desaprovechó la oportunidad para vaciarle los mecos en la cara a la piruja de mi mujer; Luis se la seguía cogiendo y Gerardo disfrutaba de una chaqueta que le daba mi Puta esposa, mientras Álex se la jalaba rápidamente sobre la cara de la degenerada de mi mujer; ella abría la boca sabiendo lo que venía y recibió una cuantiosa venida en sus labios. No dejó uno sólo fuera, se los tragó como si fuera el mejor manjar del mundo, mientras sobaba las bolas de Álex, como queriendo sacar hasta la última gota.
Nos quedamos Puta Sexy, Luis, Gerardo y yo disfrutando del Gang Bang, pero ahora fue Gerardo quien se la metía; me acerqué y constaté que se la dejaba ir completa por el culo, mientras ella le daba una deliciosa chupada al pito de Luis. La muy cerda ofreció el culo a cada uno de nosotros, que pasábamos intermitentemente detrás de ella para darle unos cuantos empujones. Era como un carrusel; por pocos segundos, uno la enculaba, el otro se la ponía en la boca y un tercero esperaba su turno manoseándola, rolándonos los papeles para que todos pasáramos como siete veces cada uno y siempre por el culo.
Luis Antonio se vino en toda su cara mientras yo le lamía la pepa y Gerardo miraba mientras Puta Sexy lo masturbaba. Así, entre los cortísimos vellos de su panocha, pude ver cómo se vaciaba esa verga en el rostro de mi esposa, y casi me explota el pito cuando se levantó la muy perra y me sonrió con los mecos de uno de mi corneadores dispersados entre su nariz, boca y ojos, sacando la lengua para saborear la mayor cantidad de leche posible. Y así se quedó, sin limpiarse y siguió cogiendo llena de leche, pues disfrutaba al sentirla escurrir y se sentía más zorra al ofrecerse a sus machos con la prueba de su putería en la cara. No aguanté más y la besé, ante la mirada atónita de Luis y Gerardo, quienes veían como un marido Cornudo besaba a su esposa llena de mecos y a la ramera besando al mega Cornudo de su marido después de que un cabrón que conoció un par de horas antes la había usado como recipiente para vaciar su leche.
Gerardo se la seguía cogiendo mientras Luis se vestía y Puta Sexy seguía moviendo la cola en torno a su verga. Aunque ya todos sabían su nombre, parecía que su nombre de pila era Puta, perra, golfa, piruja, pues todos la llamaban así, y ella disfrutaba de ese trato de Puta, pues eso es, la Puta de todos. Gerardo se la cogía lentamente, mientras me volteaba a ver y me recordaba lo Cornudo que soy al permitir que la golfa con la que llegué al altar, le diera las nalgas sin el menor pudor o vergüenza. Se la culeaba acostado boca arriba y Puta Sexy sentada en su tolete, meneando sus dos globos turgentes sobre los huevos de Gerardo, que se balanceaban ante cada arremetida. Todavía con los mecos de Luis en la cara y los de Álex en el estómago, Puta Sexy se hincó ante la verga de Gerardo y la mía, quienes nos chaqueteamos ayudados por las caricias en los huevos que nos daba mi Puta esposa.
El final llegó cuando la leche explotó en su rostro, primero la mía y luego la de Gerardo. Eran tantos mecos, que casi no se le veía la cara y ella, como buena piruja, hacía todo lo posible por tragárselos, sin distinguir de qué pito habían salido y, por supuesto, sin importarle. Fue así como concluyó el Gang Bang, despidiéndonos de mis corneadores y de los nuevos padrotes dela zorra de mi mujer: yo con una sonrisa en la cara, por haber entregado a la golfa a tres cabrones que hicieron lo que quisieron con ella, y ella encuerada, manoseada, besada, lamida, cogida y bien mequeada por ellos, quienes se despidieron de mí con un buen apretón de manos, y de ella con una nalgada y un beso, como se despiden las Putas…
Ésa es la historia del Gang Bang que disfrutamos el pasado 16 de agosto, y pensamos repetirla, ahora con más vergas que se vacíen sobre Puta Sexy y nuevas emociones para satisfacer a todos los padrotes de la perra de mi mujer. Recuerda, mi esposa también es tu Puta y está dispuesta a darte las nalgas, pues puedes considerarlas como tuyas, porque lo son.
Puta Sexy recibe doble Verga por el Culo...
Yoshua
A continuación, podrás disfrutar de un relato enviado por otro de los muchos picadores que se han agasajado con Puta Sexy. En esta ocasión, se trata de Yoshua, un masajista que se convirtió en nuestro amigo y que junto al Cornudo le dio verga a Puta Sexy por todos lados, incluyendo una doble penetración por la vagina y otra doble Verga por el Culo. ¡Sumamente excitante y no apto para cardiacos!
Un saludo a todas las personas que visitan esta gran pagina. Comenzaré por presentarme: soy Yoshua, un joven de veintitantos años, del Distrito Federal y, como la gran mayoría de ustedes navegando por Internet me tope con las fotos de una mujer hermosa: un par de nalgas que llamaron mi atención y un mensaje que, si bien me desconcertó, me atrajo de sobremanera. Presione el link y ya estaba en la página de Puta Sexy y el Cornudo. Todo lo demás ustedes lo deben saber por experiencia: las fotos, los relatos y de ahí en adelante la fantasía de estar con esa Puta.
Aun pensando que todo era una broma (pero al ser más fuerte mi curiosidad y deseo por Puta Sexy), decidí escribirles, adjuntar mi foto y hacerles saber mi fantasía, que consistía en darle un masaje a Puta Sexy (leí que le gustaban) y terminar cogiendomela. Tal vez suene un poco simple, pero tiene su trasfondo: soy masajista y más de una vez he deseado cogerme a alguna de mis clientas pero, por ética, no lo he hecho y ni siquiera lo he sugerido.
En fin, le propuse a Puta Sexy darle un masaje en el cual me permitiera acariciar sus nalgas con descaro (como tantas veces lo había querido hacer), para después comerle el chocho y cogerla oral, vaginal y, obvio, analmente. A Puta Sexy le pareció buena idea y empezamos a hacer los arreglos para la cita; como todo en la vida tiene sus complicaciones, el encuentro estuvo a punto de suspenderse por una desubicación de mi parte, pero al final gracias a la intervención de Puta Sexy (eso lo supe después), volvieron a considerar mi propuesta y pusimos una nueva fecha para el encuentro.
Ya en la cita y al llegar al bar del hotel, estaba muy nervioso. Era mi primer experiencia de este tipo (con una pareja swinger) y no sabia bien a bien qué me esperaba. Pero ya estaban ahí, la puntualidad es algo que aprecian, y me tope con una hermosa mujer… no era ya sólo ese cuerpecito que tanto había deseado, ese cuerpo ahora tenia un lindo rostro y una bella sonrisa. Me encanto su ropa, una faldita muy ligera que dejaba ver ese hermoso par de piernas y una blusa que aseguraba que no llevaba sosten. Discretamente, me la comia con los ojos, y digo discretamente no porque al Cornudo le molestara, sino porque estaba muy nervioso y no sabia cómo comportarme.
Platicamos un rato, me di cuenta de la calidad humana de ambos: son personas muy cultas y, a diferencia de lo que algunos piensen (incluso yo lo pensaba), disfrutan su sexualidad pero no viven para el sexo. Tienen sus trabajos, una vida profesional y otras ocupaciones más; charlamos de todo ello, de mí y me invitaron a tranquilizarme, lo cual logré con un tequila y su amena charla (todo esto en un ambiente de camaradería). Como no me veía muy animado a tocar a Puta Sexy, el mismo Cornudo me invito a besarla: fue algo sumamente grato, pues tiene unos labios divinos y besa riquísimo, lo que me prendió y quise empezar ahí mismo, pero como venía de la calle y, seguramente tenia las manos sucias, no me pareció correcto y le dije al Cornudo que era mejor subir a la habitación cuanto antes.
Él pidió la habitación y subieron primero, acordando que los alcanzaría en unos minutos, mientras se daban un duchazo y se preparaban… Al llegar, me tope con Puta Sexy recién bañada y completamente desnuda. Me di un baño para estar fresco y limpio y, al salir, vi ese culo hacia mí y dimos comienzo a su sesión. Le dije cómo colocarse para estar más cómodos y comencé el masaje…
Acariciando todo su cuerpo, sentía sus formas, veía la parte externa de sus senos, sentía su cara cerca de mi pene y su mirada me decía que quería probarlo, mientras masajeaba su espalda y sus brazos. Me sentía raro, pues nunca había dado un masaje desnudo, pero llegué a sus nalgas y de ahí ya no me separe: las acariciaba, las separaba y veía su ojete y su panocha, tocaba sus dos hoyos, les metía los dedos y notaba que su respiración cambiaba.
De vez en cuando volteaba a ver al Cornudo, que tenia la verga parada y miraba como cachondeaba a su mujer y le decía: “Eres una Puta”, “Qué culo y qué nalgas”. Sabía que algo así pasaría, pues no quería seguir con el masaje, por lo que me incliné y empecé a comerme su culo… Fue riquísimo sentir ese aroma de hembra, esos pliegues de su culo con mi lengua saboreando todo su perineo, los labios de su puchita…
De plano, Puta Sexy se dio vuelta y me pidió que le comiera la panocha, con lo que inicié saboreando esa puchita como debe de ser: le metía la lengua en su vagina y le daba pequeños mordiscos en su clítoris, la follaba con los dedos y le preguntaba: “¿Te gusta putita?”, a lo que ella respondia con gemidos o con un: “Sí, mucho”, y le recordaba lo Puta que es y lo bien que me la estaba pasando comiéndome su panocha.
Pero mi verga reclamaba atención y le dije que era hora de que me correspondiera el favorcito, a lo que accedió encantada metiéndose mi falo sin más ni más en su boquita, dándome una deliciosa mamada, mientras el Cornudo sólo veía cómo la Puta de su esposa se metía mi fierro una y otra vez. Así estuvimos un rato hasta que el Cornudo se acercó y reclamó también una mamada, mientras Puta Sexy estaba fascinada de tener dos vergas para ella solita, lamiendo con mucho entusiasmo, a la vez que le masajeaba las tetas.
Me encantaron sus pezones erectos: los acariciaba y pellizcaba, mientras le decía: “Puta, mi Puta”. Quería sentir su cuerpo entero junto al mió y besarla apasionadamente, en lo que el Cornudo tomaba fotos de su corneador: ¡Yo!, y de la putísima de su esposa… y así lo hice. Sentía riquísimo mi pene rozando su piel, su vagina, le acariciaba todo su cuerpo, le mordía los pezones y me comia esas tetas riquísimas. Puta Sexy quería sentir mi verga en su boca nuevamente y que le comiera su pucha, por lo que hicimos un rico 69… Yo sentía como Puta Sexy pasaba su lengua por mi glande y se metía la verga completa en su boquita, mientras no dejaba de meter mi lengua en su vagina y en su culo, esos pliegues del culo me estaban volviendo loco y le dije sin pudor: “Putita, ya es hora de que sientas mi verga. Cornudo, me voy a coger a la Puta de tu esposa”.
Me puse un condón y se la metí de un solo golpe, estaba caliente y súper mojada, sólo despidió un suspiro y me sujetó fuerte los brazos, quería sentirme bien adentro y yo sólo le decía: “Qué Puta eres, una Puta riquísima” y su respuesta era música para mis oídos: “Sí, soy Puta, tu Puta”, lo que hacía que me la cogiera con más ganas, por lo que empezamos un frenético mete y saca que estábamos disfrutando. Después, dijo que quería montarme y, encantado, accedí: me acosté y se subió, se sentó en mi verga y entró hasta el fondo. ¡Qué rico ver sus tetas frente a mí y sentir toda esa carne sobre mí! Acariciaba sus nalgas le metía un dedo en el culo y su cara de placer me lo decía todo: ella también gozaba y me decía: “Cógeme, cabron, soy tu Puta”.
Yo seguía manoseándole las tetas, el culo, las piernas… Le metía mis dedos en la boca y me los chupaba delicioso, mientras el Cornudo, excitadísimo, se acercó por atrás y se la metió por el culo. La presión del nuevo intruso hizo que aumentara mi excitación y, al compás de nuestras vergas, le dimos placer a Puta Sexy, que pedía más y más, a lo que el Cornudo sugirió una doble penetración… ¡por la vagina! Ella, encantada, dijo que sí, dando paso a que el Cornudo saliera de su culo para meterle la verga en el orificio que ya estaba ocupado por mi fierro, y entró… con esfuerzo, pero entró. Ambos le dábamos verga por la panocha a la gran Puta…
Todas estas nuevas experiencias me tenían encantado y ver la cara de placer de Puta Sexy era maravilloso, pero yo también quería meterle mi verga en ese culito tan prometedor, por lo que, después de una pausa, salió del baño y no permití ni siquiera que llegara a la cama, pues de pie se la metí hasta el fondo en ese culo delicioso que tanto había anhelado y que ya había saboreado, ahora era la funda de mi verga, sentía esos pliegues en mi polla y mis huevos rebotaban en sus nalgas, mientras la sujetaba de la cadera y la atraía hacia mí para que sintiera mi verga lo más adentro posible. De verdad tiene un culo muy tragón y le encanta la verga a la muy piruja.
Como estaba bañado en sudor y un poco cansado, regresamos a la cama y, ahí, como la perra que es, seguí disfrutando de ese culo insaciable de verga. Me acosté sobre ella, pero sin sacarle ni un segundo la verga de su culito y ella dijo que quería sentarse sobre mí, pero ahora con mi verga en el culo y así lo hizo: se sentó y podía sentir su culo oprimiendo mi pene. Lo siguiente fue espectacular: el Cornudo se unió a la cogida y, como el culo estaba ocupado y por la postura no se la podía meter en la pucha, ¡se la metió también por el ojete! Fue riquísimo sentir cómo entraba la verga del Cornudo, junto con la mía, en el espacio de por sí reducido del culo de Puta Sexy: ¡Tenía dos pitos en el culo! Miré su cara de dolor al tener dos vergas en su culo y, una vez empezado el mete-saca, empezó a gemir y a gozar de dos vergas por el culo, lo cual ya no pudo aguantar el Cornudo y se vino dentro de sus nalgas…
Sentir la leche caliente del Cornudo hizo estremecer a Puta Sexy, por lo que aumenté la velocidad de mis penetraciones, la puse boca abajo y seguí metiendo mi verga con frenesí y, cuando sentí que estaba a punto de venirme, le pedí a Puta Sexy que me la mamara, que quería terminar en su boca y que se comiera mis mecos. Se dio vuelta y se metió mi verga con avidez en la boca y, después de unas cuantas mamadas, descargué todos mis mecos en su boca: ella los tragaba golosa, mientras yo le decía: “Toma zorra”.
Nos bañamos y vestimos, mientras les aseguraba que nunca había cogido así y que la experiencia me había encantado. Quedamos como los mejores amigos y acordamos cenar en su casa, así que las próximas fotos y el relato tal vez sean en la casa de Puta Sexy y el Cornudo. Ya podrán imaginar que anhelo el siguiente encuentro con estas dos grandes personas.
Su servidor y amigo…
Yoshua
Puta Sexy da las Nalgas en el hotel nudista (Tercera y Última Parte)
El Cornudo
Antes que nada, gracias a todos los que han leído nuestros relatos que, aunque ha habido algunos que lo dudan, son completamente reales; a veces, a nosotros también nos parece increíble haber vivido tan maravillosas experiencias y nos halaga la incredulidad de algunos, ya que eso confirma lo especiales que han sido las aventuras vividas. Ésta es la conclusión de la serie: “Puta Sexy da las Nalgas en el hotel nudista”, que significó nuestra primera experiencia como pareja Swinger. Ojalá lo disfruten…
Luego que de Joel ofreciera a la Puta de mi mujer para que le diera propina al mesero en “cuerpomático”, el asombro no cabía en nuestros rostros. La desfachatez de mi esposa hubiera sido irreconocible hace unos días, y es que no podía creer que se mostrara así delante del empleado del hotel: estaba senatada en la cama con las piernas completamente abiertas, por lo que se le podía ver toda la panocha, a la vez que su sonrisa era la evidencia de que estaba dispuesta a dar la “propina” que fuera. El empleado miraba con pena el cuerpo de mi mujer y me volteaba a ver a mí también, como buscando aprobación, pero fui yo el más sorprendido cuando Puta Sexy tomó la palabra:
- Pero, ¿qué propones, Joel? ¿Cómo se la pagaría?
- Bueno, yo creo que con una buena mamada sería suficiente o quizá prefiera manosearte en la cama, mientras le haces una buena chaqueta y el Cornudo de tu esposo y yo comemos mientras vemos el espectáculo…
La sonrisa de la putona de mi mujer lo decía todo: aceptaba con gusto pagar la propina como la súper Puta que era, pero el mesero, quien sudaba más de la cuenta, tenía otra opinión:
- Señor, discúlpeme. Obviamente, me fascinaría recibir la propina de la señora, pero tenemos prohibido en el hotel interactuar sexualmente con los huéspedes y podría perder mi trabajo. Puede firmar el voucher con la propina incluída o no hay problema si no la deja. Yo les sirvo con mucho gusto -. Dicho esto, el empleado salió casi corriendo de la habitación y nosotros nos dispusimos a comer lo que había traído.
Así, desnudos como estábamos, comimos y platicamos de mil cosas, dejando de lado el tema sexual para dar paso a una plática amena y con la que nos conocimos mejor; sólo, de vez en cuando, Joel o yo nos acercábamos para besar en la boca a la zorra de mi esposa y Joel le dio una sonora nalgada cuando se paró por una bebida que el mesero había dejado un poco lejos de la mesa. Al poco rato nos despedimos, Joel insistió en vernos al otro día y repetir la experiencia, pero le aclaramos que al día siguiente partiríamos a la Ciudad de México por la mañana, por lo que intercambiamos teléfonos y nos despedimos, yo le di la mano y él abrazó a mi mujer, la besó en la boca largamente y le estrujó las nalgas, mientras ella le sobaba los huevos como queriendo quedarse a recibir más verga.
Eran más de las 11 de la noche y caminamos por el pasillo del hotel hacia nuestra habitáción y, aunque se trataba de un hotel nudista, los pocos huéspedes que nos topamos se sorprendían de ver caminando a una mujer completamente encuerada, pues a esas horas todos ya andaban con ropa. Al llegar a la habitación, besé a la Puta que tenía por esposa con pasión y le pregunté:
- ¿Te gustó, mi amor?
- Mucho. Nunca pensé que pudiera sentir tanta excitación al estar con dos hombres a la vez y sentirme llena por todos lados. ¿Y a ti qué te pareció?
- Muy excitante…
- Quiero decirte que, a pesar de que lo disfruté mucho y me encantaría seguir siendo la Puta de todos, lo que más me interesa es nuestro matrimonio y, si a ti te incomoda o crees que debemos parar en esta nueva vida, volvemos a lo mismo de antes sin problema.
- No, mi vida. Me encanta que seas tan Puta y que entregues las nalgas con esa facilidad; hoy descubrí que me agrada ser un Cornudo y quiero que te cojan muchos más delante de mí. Te propongo un trato: en el momento en el que alguno de los dos nos sintamos incómodos o no queramos seguir con este estilo de vida, simplemente nos lo decimos y volvemos a lo de antes, ¿te parece bien?
Me dio un beso con mucha alegría, con lo que me di cuenta de que le complacía de sobremanera poder continuar con su putería. La veía radiante y feliz, se notaba que había encontrado el sentido de su vida sexual; poco a poco, iba notando que había nacido para darle el culo a cualquiera y que eso era lo que la hacía sentirse plena. Había nacido para ser Puta y yo para Cornudo, así es que… ¿por qué no vivirlo? Nos metimos a bañar, mientras recordábamos lo que había pasado sólo unas horas antes; yo tenía una excitación mayor al saber que la mujer con la que me había casado y que tenía entre mis brazos, todavía tenía el olor del macho que la había culeado.
La golfa de mi esposa, mientras la tenía contra la pared de la regadera y le metía el pito por la pucha desde atrás, me excitaba más diciéndome:
- ¿Te gustó como me metieron el palo, Cornudo? ¿Te gusta mirar y jalártela mientras otro me hace su Puta?
- Eres una perra. Claro que me gustó ver cómo te ofrecías y cómo me ponías los cuernos en mi cara; a partir de hoy, quiero que le des las nalgas a cualquiera que te las pida, quiero que estés consciente de que eres una Puta pública que no cobra, sino que eres de todos y cualquiera puede cogerte sin pedir permiso siquiera.
- Sí, me encanta la verga y quiero sentir todas las que se puedan. Te voy a poner tanto los cuernos que pronto no vas a poder pasar por las puertas. Voy a putear en mi trabajo, en la calle, en donde sea…
- ¿Quieres ser la Puta de todos? ¿Hay alguien en tu trabajo que te guste?
- Sí, hay un tipo que me vuelve loca y a partir de mañana le voy a demostrar lo Puta que soy, para que me coja y me haga su perra cuando quiera…
Nunca me había confesado que le gustara alguien en su trabajo y estaba a punto de indagar más, cuando sonó la puerta. Pasaba de la media noche y era raro que alguien llamara; pensé que seguramente sería Joel, quien regresaría por una segunda sesión al ver que al otro día nos regresábamos a la Ciudad de México. Fue mi esposa quien salió del baño y se amarró una toalla al cuerpo para abrir, lo cual quizá se debía a la costumbre de no abrir desnuda, ya que se antojaba un poco fuera de lugar luego de todo lo que había pasado; yo me sequé rápidamente, pues me excitó la idea de volver a entregar a mi mujer a Joel, pero la voz que escuché cuando Puta Sexy abrió la puerta no era de Joel…
- Buenas noches, señora, ¿puedo pasar?
Yo ya estaba junto a mi mujer y, al principio, no lo reconocí sin uniforme. Era el mismo mesero que había rechazado la “propina” que le otorgaría mi mujer horas antes, pero ahora vestido con una camiseta y unos pantalones de mezclilla, lo que daba un cuadro un poco raro: el vestido así, mi mujer sólo con la toalla y yo desnudo con la verga parada. Lo invité a pasar y mi señora cerró la puerta, mientras yo le preuntaba:
- ¿Qué se te ofrece?
- Disculpe la molestia, señor, pero no he dejado pensar en la propina que amablemente me ofrecieron hace rato y, aunque me sigo jugando un poco el trabajo al venir aquí, ya estoy fuera de mi turno y vengo a ver si el ofrecimiento sigue en pié.
Mientras hablaba, dejé caer al piso la toalla que tenía mi esposa y la abrazaba tocándole una teta; en tanto que el empleado la miraba todavía con un poco de vergüenza, pero sus ojos no podían separarse de la pucha de mi mujer, cuando ésta dijo:
- No quisiéramos buscarte problemas…
- No, señora, nadie me vio venir y si ustedes no dicen nada, no habrá ningún problema.
- ¿Qué opinas, mi vida? -, le cuestioné a mi esposa mientras le sobaba las nalgas.
- Lo que tú digas, por mí no hay problema -. Ante el descaro de la mujerzuela de mi esposa, inquirí al mesero:
- ¿Qué parte del cuerpo de mi mujer te gusta más?
- ¿Perdón? -, dijo desconcertado ante lo sorpresivo de la pregunta…
- Sí, para que te cobres la propina en lo que más te guste de esta Puta.
- Bueno… me gustan mucho sus pompas.
Le di la vuelta a mi mujer y comencé a magrearle la cola con las dos manos, separando sus cachetes para que el empleado pudiera ver su rico ano; ella ayudaba empinándose más, para que la vista fuera completa, y el mesero ya se tocaba el pito por encima del pantalón mientras se agachaba, ya sin pena, para ver mejor el pedazo de carne que le mostraba…
- ¿Te gusta el culo de mi mujer?
- Sí. Con todo respeto, tiene unas nalgas riquísimas..
- Bueno, ¿qué te parece si te paga la propina con el ojete? Pero, ¿no crees que encularte a mi mujer es una propina demasiado generosa?
- Por favor, señor. Con todo respeto, si quiere le pago la diferencia que usted me diga, pero déjeme metérsela… -, ya se había sacado la verga del pantalón y se la chaqueteaba viendo el espectáculo que le regalaba mi esposa.
- De ninguna manera. Mi esposa es una Puta, pero no cobra por sus nalgas; cuando mucho, estamos dispuestos a pagar alguna que otra deuda con su cuerpo. Mira, se la puedes meter por el culo, pero sólo tienes cinco minutos y sólo será por el ano. Además, es ella quien debe de aceptar el pago. ¿Quieres que te encule nuestro amigo, amor?
- Primero quiero verle la verga -, se notaba que la Puta ya se había excitado mucho pues, preparándola, le había ido dilatando el ojete mientras hablaba con el mesero, y fue entonces cuando tomé un poco de lubricante artificial y fue fácil introducirle hasta tres dedos por el culo. El empleado ya se había desnudado completamente y, empinada como estaba, mi mujer tuvo su nabo a pocos centímetros de su boca.
Se trataba de una verga sumamente negra, de buen tamaño, con la cabeza rosa, pero lo que más llamaba la atención era la manera de lubricarse, chorreaba tanto que parecía que se estaba viniendo, y así lo hubiéramos creído, sino constatáramos que el líquido que le resbalaba por el tolete y le escurría hasta los huevos, era de un color blancuzco pero lo suficientemente transparente como para tratarse de semen. A la depravada de mi mujer pareció excitarle eso y, sin mamarla, comenzó a besar el fierro palpitante que tenía delante, mientras el lubricante que emanaba se prolongaba a sus labios y ella saboreaba con placer; era tanto líquido, que le llenaba los labios a la Puta de todos y varios hilos de ese manjar colgaban como si fueran cuerdas entre la boca de la piruja y la verga del empleado.
- Métemela por el culo, cabrón -, le ordenó mi esposa y él, como impulsado por un resorte, fue hacia su pantalón y sacó un condón que se puso hábilmente. Inmediatamente tomó las nalgas de mi esposa y las sobó con lujuria, cuando me dijo…
- ¿Me permite, señor?
- ¿Qué cosa? -, le respondí, pues quería oír como me pedía las nalgas de mi mujer.
- ¿Puedo encular a su esposa?
- Adelante, pero sólo tienes cinco minutos…
Al recordar el tiempo que tenía, le metió dos dedos por el ano, para constatar que estuviera dilatado y, de inmediato, le clavo la verga entre las nalgas, espectáculo que se veía más cachondo al ver una herramienta tan negra desaparecer entre las blancas cachas de mi mujer. Primero, el movimiento fue lento, como intentando no lastimar el culo que se estaba comiendo, pero al ver que resbalaba con facilidad la penetró con más fuerza y no pasó mucho tiempo para que viera como empujaba toda la verga en el ojete de mi mujer, hasta que lo único que se veía eran sus huevos rebotando sobre sus carnes.
- ¡Qué rico culo tiene, señora Puta!
- Es tuyo, es de todos. Llénalo de verga y no me la saques nunca -, le respondió Puta Sexy ya muy excitada, mientras que a mí me calentaba más ver que le hablaba de usted y con un tono de respeto a la mujer que se estaba enculando, por lo que de vez en cuando le abría las nalgas a mi mujer para que se la metiera mejor y poder ver el espectáculo completo…
A los cuatro minutos, el ritmo acelerado de la mega cogida que le estaban dando a la putona de mi esposa me indicó que el final estaba cerca, y efectivamente, los gemidos del empleado hicieron evidente que se había venido, pero lo que hizo a continuación me dejó sin habla: sacó el pito del ano de mi mujer y, en la punta, se podía ver una gran cantidad de leche contenida por el preservativo. Se quitó el condón y, sin tirar una sola gota de mecos, se lo paseó a mi mujer por la cara, quien lamía el látex por fuera mientras el líquido seguía en su interior. Al ver la escena, no pude más y le clave la verga por el culo, tan abierto que parecía una pucha, mientras mi mujer le limpiaba la polla al mesero con la boca y éste todavía tenía el condón en una de sus manos, cuando le dijo:
- ¿Quiere un poco de lechita, señora?
- Sí, dámela por favor.
Yo ya había terminado y le había dejado el culo lleno de mecos, mismos que le resbalaban a Puta Sexy entre las piernas cuando fue a sentarse a un sillón. Lo que vi a continuación fue lo más erótico que haya observado en mi vida: mi mujer inclinó hacia atrás la cabeza y abrió la boca, mientras el mesero le vació el contenido del condón entre los labios y la súper mega Puta se los comía dando sonidos de satisfacción, como si se tratara del banquete más exquisito que hubiera probado.
Luego de lo degenerado del espectáculo, el empleado se vistió rápidamente y se despidió como si no hubiera pasado nada, diciendo muchas veces “Gracias” y cerrando la puerta tras de sí. Sin decirnos una sola palabra, apagué la luz y tomé tiernamente a mi esposa de la mano, para conducirla a la cama; nos abrazamos con mucho amor y nos besamos, durmiéndonos casi de inmediato, pues al otro día teníamos un largo viaje de regreso a la Ciudad de México.
De Joel no volvimos a saber nada, pero en el Distrito Federal nos esperaba una nueva vida que nos tenía reservadas muchísimas más aventuras. Ni siquiera imaginábamos todo lo que nos quedaba por vivir…
Puta Sexy da las Nalgas en el hotel nudista (Segunda Parte)
El Cornudo
A pesar de lo que pasó en la carretera y lo que habíamos hablado Puta Sexy y yo, de su destape definitivo y del estreno de mi cornamenta, todavía me costaba trabajo asimilar que estaba casado con una mujer tan golfa. El cambio era radical y difícil de creer, pero mi verga parada confirmaba que me gustaba y sólo veía cómo puteaba, ahora con Joel, una persona que habíamos conocido minutos antes y que ya manoseaba a mi mujer como si fuera su amante de toda la vida, y ella feliz. No había nadie más alrededor de nosotros, sólo tres meseros que se reían y secreteaban a unos cuantos metros, disfrutando de la escena. Joel fue más allá cuando le dijo a mi esposa:
- Mi amor, ¿nos haces un favor? Tráenos un par de cervezas; yo iría, pero quiero ver cómo te contoneas de aquí al bar...
- Encantada -, la Puta de mi mujer se paró y caminó lentamente, completamente encuerada como estaba, hacia el bar. La mirada de los meseros era de lujuria y descaro, al ver que ella les sonreía, que otro la manoseaba minutos antes y que el Cornudo de su marido no decía nada ante su putería. Uno de ellos, de plano, se paró junto a ella en la barra y le miró el culo descaradamente, mientras le hacían plática y se reían con ella. Joel exclamó:
- De veras que tienes una esposa exquisita y se ve que es muy... alegre.
- Gracias, Joel.
-Oye, ¿por qué no nos vamos a mi cuarto?, para estar más cómodos. La verdad es que me encantó tu mujer y, por lo que veo, tú no tienes problema con que ella disfrute de... algo más. Claro, si no te molesta...
- Para nada. Me encantaría que estuviéramos más... cómodos.
Mi mujer ya regresaba con las cervezas y con las miradas de los meseros en sus nalgas; una vez que nos dio los vasos, se sentó frente a Joel abriendo un poco las piernas, con lo que se le podía ver la raja completemante depilada. Nuestro amigo, con un poco más de confianza al ver que podía agasajarse con mi mujer sin problema, le dio las gracias por la cerveza y la besó en la boca largamente, mientras que yo no sabía adonde voltear. Cuando se separaron, Joel fue quien tomó la iniciativa:
- Putita, le pregunté a tu marido que si les gustaría estar más cómodos en mi cuarto, para platicar más libremente, ¿qué te parece? -, le había dicho "putita" como si ése fuera su nombre, y ella lo aceptaba con una sonrisa. Ahora era ella la que tenía la mano en el muslo de Joel, muy cerca de su pito que, para estas alturas, ya asomaba una gota de lubricante ante una erección total, y así, acariciándole la pierna al macho que acababa de conocer, me cuestionó:
- Amor, ¿quieres que vayamos al cuarto de Joel? A mí me encantaría...
- Vamos, pues -, dije, entre excitado y nervioso, incorporándome y con la verga parada a tope. Caminamos rumbo a la habitación de nuestro nuevo amigo quien, sin importarle nada, abrazaba a la perra de mi mujer sobándole descaradamente las nalgas; cuando pasamos junto a los meseros, mi mujer se despidió de ellos con extrema coquetería, y ellos le contestaron con elogios como "linda", "guapa", etcétera, mientras veían como mi corneador se la fajaba sin reparo alguno.
Caía la noche y llegamos a la puerta de la habitación. Pensé que entraríamos de inmediato, pero Joel se detuvo en la puerta para besar a mi mujer apasionadamente, mientras veía como uno de sus dedos desaparecía entre la vulva caliente de mi perra esposa; ella gimió un poco y yo aproveché para sobarle el culo y percatarme de su sonrisa hacia mí. Joel le besaba las tetas y ella me pidió: "Bésame, Cornudo". Era extraño juntar nuestros labios, mientras otro le metía mano y le restregaba la verga en el estómago. Por fin, entramos y sentando a mi mujercita en la cama, Joel ordenó:
- Mámamela, Puta. Mámamela delante del Cornudo de tu marido.
Yo me senté en un sillón que estaba a menos de un metro de distancia de la cara de mi mujer que chupaba el pitote que le ponían enfrente. Joel la tomaba de la cabeza y prácticamente la penetraba por la boca. Yo alargué una mano y le pellizqué suavemente un pezón, jalándome la reata ante la putería de mi señora; minutos después, nuestro amigo la recostó en la cama, abriéndole las piernas para darle una buena mamada de pucha, fue cuando me percaté de que la puerta estaba abierta, por lo que me paré a cerrarla.
- No la cierres, Cornudo. Me gusta que vean cuando me cojo a una Puta como tu esposa, que todos sepan la clase de piruja con la que te casaste.
De vez en cuando pasaban camaristas que hacían como que no veían nada y algunos huéspedes que se paraban un poco para ver si era cierto lo que tenían enfrente. A Puta Sexy no le importaba nada, sólo cerraba los ojos y acariciaba el cabello de Joel ante las embestidas de lengua que le daba.
- ¡Qué rico me la mojas, Joel! ¡Sigue, por favor! ¡Mmmmh, qué rico!
- ¿Te gusta, perra? -, le preguntaba mientras le metía dos dedos en la pepa, con asombrosa velocidad. - ¿Te gusta pasearte encuerada delante de otros pitos para que se animen a cogerte, como yo?
- Sí, me encanta que me vean encuerada. Me fascina ver cómo se erectan al verme y cómo me miran con lujuria.
- ¿Y te encanta ponerle los cuernos a tu marido?
- A los dos nos encanta, ¿verdad, mi vida? -, me preguntó, mientras le acercaba el palo a la boca y veía cómo se comía mi verga mientras otro se tragaba sus jugos vaginales.
Poco tiempo después, Joel se incorporó y le clavó el pito por el coño con las piernas de mi mujer sobre sus hombros, bombeándola mientras ella seguía mamándome la verga. Él recargaba sus manos sobre las tetas de mi esposa, estrujándolas con fuerza y el sonido de sus huveos rebotándo en las nalgas de Puta Sexy hacía más excitante el ambiente; fue entonces cuando me incorporé para ver ese espectáculo. Sentado en el mismo sillón, pude ver, en primer fila, cómo desaparecía ese pedazo de carne entre los labios vaginales de mi mujer, mirando el ojete de mi esposa abierto, listo para ser penetrado y estimulado con el golpeteo constante de las bolas de Joel, quien me preguntó:
- ¿Te excita cómo me cojo a tu vieja, Cornudo?
-Sí, me para la verga ver cómo la bombeas y le llenas la panocha de verga. Chíngate a mi esposa, cabrón. Cógetela bien, como la Puta que es.
Mis palabras lo excitaron más, pues comenzó a penetrarla con más fuerza y velocidad, mientras Puta Sexy había convertido sus gemidos en gritos de placer y, deprovista de cualquier resquicio de vergüenza que le hubiera quedado, gritó:
- ¡Métanmela los dos! ¡Quiero doble verga, una en el culo y otra en la pucha!
Sus deseos fueron como órdenes inmediatas, ya que tanto Joel como yo nos acomodamos para facilitar la doble penetración. Mientras yo me acostaba boca arriba, dejando mi mastil erecto para que se sentara mi mujer, ella se empinó para mamármelo y permitir que mi corneador le lubricara el ano para la próxima penetración. Yo estaba en el éxtasis total, disfrutando enormemente la sesión de sexo que estábamos celebrando y creo que fue en ese momento cuando me convencí de que me fascinaba ser un Cornudo, de que me encantaba ver a mi mujer puteando con otros y entregándose a cualquiera. Ella también estaba convencida de su nuevo rol sexual y lo disfrutaba plenamente, ya sin negarse a nada y brindándose por completo a lo que pasara; empinaba las nalgas sin el menor pudor y permitía que otro le metiera hasta tres dedos en el culo mientras besaba a su marido.
Una vez que estuvo preparada, Joel se lo indicó con una nalgada y diciéndole:
- Listo, zorra. Siéntate en la verga de tu esposo, dándome las nalgas para que te la clave por el ojete.
- Sí, mi amor.
Ella tomó mi verga con una mano y se la acómodó en la entrada de su vagina, sentándose lentamente en ella y moviéndose de arriba a abajo para sentirla toda; mientras tanto, Joel se acomodó detrás de ella y dirigió su cipote al culo abierto de mi mujer, quien le facilitó la tarea empinándose lo más que pudo; se la clavó lentamente para abrir aún más el hoyo de mi esposa y poco a poco entramos en un ritmo acompasado: Puta Sexy cerraba los ojos y gemía fuertemente, mientras dos vergas le traspasaban sus orificios. Yo le besaba la boca y sentía como la verga de Joel en el culo hacía más estrecha la cavidad de su pucha, rebotando sus huevos en los míos; él la penetraba fuertemente y le sobaba las tetas, pellizcándole los pezones y nalgueándola de vez en cuando; así estuvimos unos cinco minutos, hasta que Joel se retiró argumentando:
- Ya no aguanto, golfa, me voy a venir -, a lo que mi mujer le pidió:
- Échamelos en la cara, padrote. Vénganse los dos en la cara de su Puta...
Ella se hincó en el piso, mientras Joel y yo nos masturbábamos en su cara, que nos excitaba aún más al ver el descaro con que sacaba la lengua que le golpeábamos levemente con las cabezas de nuestras herramientas; sus manos estimulaban nuestros cojones, como deseando que la erupción de mecos se diera lo antes posible, y así fue pues, casi al mismo tiempo, mi corneador y yo le descargamos una fuerte lluvia blanca en la cara, que le resbalaba hasta los labios y que ella se esforzaba por comer. De ahí en adelante me daría cuenta de que a mi mujer le fascina la leche de cualquier cabrón, pero no sólo sobre de ella, sino que le encanta comérsela hasta la última gota, pues le excita muchísimo su sabor. Y cómo no darse cuenta, pues se deleitaba tragándosela toda y lo poco que se le escapaba lo retomaba con los dedos y se lo bebía.
Joel se tiró exhausto en la cama y nos pidió que lo acompañáramos. Nos recostamos también, mi mujer enmedio y yo en el otro extremo de la cama; ella sobaba tiernamente nuestras vergas y nos besaba en la boca alternadamente.
- ¡Qué bárbaro! Son una pareja sensacional. Amigo, te felicito por tener una mujer tan hermosa y tan caliente, y tú mi amor, eres fabulosa, me encantas -, espetó Joel besando a mi esposa en los labios y acariciando sus nalgas, mientras yo le besaba la espalda a la Puta que amaba con toda el alma. Entre tanto troqueteo nos volvimos a excitar y la ninfómana de mi mujer ya chaqueteaba velozmente nuestros pitos, pero Joel se incorporó y dijo:
- ¿No tienen hambre? -. Desconcertados le dijimos que un poco, pero pensando que teníamos más ganas de una segunda sesión de sexo, aunque no quisimos forzar nada y elegimos de la carta que estaba en la habitación, para que nuestro amigo pidiera a Room Service. La intensidad bajó un poco y hablamos de cosas triviales, no sin manosear a mi mujer entre los dos por todo su cuerpo a intervalos, cuando tocaron la puerta anunciando que había llegado nuestra comida. Joel se paró rápidamente y abrió la puerta; era uno de los meseros que estaba en la alberca con un carrito que tenía los platillos que habíamos pedido. Joel firmó la cuenta y me di cuenta de sus intensiones cuando le dijo al mesero:
- Ay, joven. No tengo dinero para la propina, ¿cómo le hacemos?
- No importa, señor. Puede dejarla en el mismo voucher o no darla, no hay problema.
- ¿Cómo crees que te voy a dejar sin propina? ¿Y si te la damos en especie?
- ¿Cómo?
- Sí, la señora es la esposa del señor, pero no creo que tenga problema en dar la propina. Es toda una Puta y estoy seguro de que le encantará compensarte. Claro, a solo que no quiera o que el Cornudo de su marido se oponga. Lo que ellos decidan...
En el próximo relato descubrirás si la Puta de mi mujer accedió o no a dar propina...
Puta Sexy da las Nalgas en el hotel nudista
El Cornudo
En el relato anterior, aclaramos que sólo pondríamos aquí historias que fueran absolutamente reales, y así continuaremos. Ya te contamos cómo disfrutaron de Puta Sexy por vez primera en la carretera, y el primer corneador fue un policía de caminos; a continuación, lo que pasó en el hotel de ropa opcional, ubicado en las playas de Jalisco:
Después de la mamada que Puta Sexy le dio al policía de caminos, faltaban cerca de dos horas para llegar a nuestro destino. Yo no podía creer lo que la Puta de mi mujer acababa de hacer. Jamás la había visto con otro hombre y nunca creí que fuera capaz de hacer lo que hizo, y con el descaro que lo hizo. Apenas cuando le comenté que iríamos a un hotel donde la ropa era opcional, me aseguró que no se encueraría y ahora ya se la había chupado a otro delante de mí.
Yo manejaba absorto y callado, recordando las escenas donde la Puta de mi esposa (porque de que se había convertido en una Puta, no había duda) se entregó a darle placer oral a otro en mi presencia. Lo que más me hacía meditar no era el hecho en sí, sino la putería, descaro y desvergüenza que vi en su cara, como si se tratara de una golfa que lo había hecho toda su vida; la facilidad con que se encueró frente al policía y hasta su descaro cuando los coches pasaban y le gritaban obscenidades. De golpe y porrazo me había convertido en un Cornudo y lo peor (o lo mejor) de todo era que me gustaba. La miré de reojo discretamente y comprobé lo que veía todos los días: era una mujer excelente, con unas nalgas hermosas y una elegancia que constrataba con su calidad de Puta que sería a partir de ese momento. Se limaba las uñas como si cualquier cosa, distraída, como si no hubiera pasado nada. Hasta que de pronto me acarició la verga, que tenía otra vez parada por las escenas que disfruté minutos antes, y me dijo:
- Mira nada más. Todavía la tienes parada, Cornudo. ¿No te molesta que te diga así, verdad amor? Finalmente ya lo eres...
- Y tú una Puta -, le espeté con cierta incomodidad porque la palabra todavía me sonaba un poco fuerte.
- Sí, tienes razón. Soy una Puta y acabo de descubrir que me encanta serlo. ¿Te incomoda? ¿Quieres que lo siga siendo o no? Te amo y no quiero perderte, pero también me encanta la verga, aunque si decides que sigamos como antes, perfecto. Hacemos como si esto nunca hubiera pasado...
- No, la verdad es que me gustó verte con otro. Me fascinó ver cómo te entregabas como piruja. Lo que me sorprende es que lo hayas hecho con tanta naturalidad, con tanto descaro, como si lo hubieras hecho toda la vida...
- A mí también me sorprendió, pero es que me sentí en mi elemento. Quizás no lo sabía porque nunca lo había probado, pero me encantó sentirme como una Puta, que el policía me tratara como perra y sobre todo que tú vieras como me entregaba a otro pito que no era el tuyo. Eso me excitó muchísimo, ponerte los cuernos en tu presencia, que vieras que tu mujercita es una zorra ávida de verga -, mientras decía eso, ya me la había sacado del pantalón y me la chaqueteaba suevemente. - ¡Pero mira cómo te pones! Se ve que a ti también te gusta que tu esposa sea una Puta y se entregue a cualquiera...
- La verdad es que, aunque ni siquiera me lo imaginaba, me encantó verte convertida en una zorra. No quiero que pares nunca y, de aquí en adelante, quiero ser tu Cornudo. Ponme los cuernos cuando quieras y con quien quieras. ¿Por qué no hemos de abrirnos a esto que acabamos de decubrir y que a ambos nos gusta? Sería hipócrita fingir que no lo disfrutamos. Es difícil, pero hay que aceptar que te comportaste como la más Puta de las mujeres y que a mí me encantó estrenarme como Cornudo...
- ¡Ay, mi amor, qué feliz me haces! Quiero aprovechar el tiempo y darle las nalgas a quien las desee tomar; quiero que te crezcan los cuernos hasta que ya no aguantes su peso y ser la más Puta de las mujeres, pero siempre delante de ti, para que puedas constatar lo perra que puedo llegar a ser...
- Sí, mi vida. Ponme los cuernos cuantas veces quieras. Tu culo es hermoso y sería un egoísmo que sólo fuera de una persona. De aquí en adelante, será de todos, será un culo público de Puta que no cobra y que lo ofrece como un servicio a la comunidad...
- Gracias, amor. Siempre había fantasiado con ser una piruja y ahora lo soy en la realidad.
Llegamos al hotel y nos registramos. Se trataba de un verdadero paraíso. La calma se sentía por todos lados y nos percatamos de que era el lugar ideal para descansar y despojarse de todos los tabús. El personal del hotel es muy amable y con una apertura total al nudismo; en la alberca, la mayoría de la gente se bronceaba sin más encima que el sol que caía a plomo. Rápidamente, dejamos las cosas en la habitación y nos cambiamos: Puta Sexy se puso el bikini con un pareo y yo me puse el traje de baño. Nunca habíamos estado en un lugar donde pudiéramos ir desnudos como si tal cosa y se nos hacía difícil salir como Dios nos trajo al mundo, pero le dije...
- Mi amor, ¿a poco vas a salir así? ¿No quedamos en que ya serías una Puta?
- Y lo soy, pero todavía me da pena. Déjame acostumbrarme, ¿sí?
- Bueno, al menos quítate lo de abajo del bikini y quédate el pareo...
- ¡¿Cómo crees?! Se me van a ver todas las nalgas...
- De eso se trata, putita, que todos vean lo que se pueden comer -, le dije, mientras le acariciaba el culo y le quitaba suavemente la tanga...
- Está bien, finalmente es un hotel medio nudista...
Así salimos. Puta Sexy se veía todavía más sexual que si hubiera ido encuerada, pues el pareo transparente dejaba ver todo su trasero a la perfección, además de su concha depilada; en la alberca, todos la voltearon a ver con lujuria y alguno hasta se sobó el pito al contemplarla descaradamente. Nos fuimos a la playa y, como otra vez estábamos muy calientes, nos pasamos a la playita privada donde se podía hacer de todo: ahí le quité la poca ropa que traía y, recargada en una piedra, le metí la verga hasta el fondo:
- Mmmmmh, qué rico me coges, Cornudo...
- ¿Te gusta, Puta? ¿No te gustaría que vieniera otro cabrón y se la mamaras como al policía? -. Nuestro lenguaje había cambiado por completo en unas horas; era la primera vez que culeábamos mencionando a otras personas e imaginando a un tercero con nosotros.
- Pronto lo vas a ver de nuevo, amor. ¿Quiéres que puteé delante de ti? ¿Qué me ofrezca a los demás?
- Sí, perra. Ofrécete. Ofrece esas nalgas, para que sepan que son públicas y que cualquiera puede tomarlas, que se enteren que tu marido es un Cornudo al que le encanta jalársela mientras se chingan a su esposa...
Me vine adentro de ella y nos quedamos mirando el mar por horas, sin hablar, pensando en lo que nos habíamos convertido, disfrutando de nuestra nueva sexualidad y de lo que estaba por venir, amándonos más que nunca por la sinceridad de nuestros actos. Ya era de noche cuando regresamos al hotel y el cansancio del viaje hizo que cenáramos y nos durmiéramos inmediatamente. Los días pasaron y cogíamos como poseídos, pero todavía no había un contacto con nadie; nadie se atrevía a acercarse o nosotros todavía éramos demasiado inexpertos para dar a entender lo que buscábamos. Eso sí, a la Puta de mi esposa, que ya andaba encuerada por todo el hotel sin vergüenza alguna, la veían con extrema lujuria, como si se la metieran con los ojos, pero nada de acercamiento real. Sucedió hasta el penúltimo día de nuestra estancia, mientras estábamos en la alberca. Ella se asoleaba completamente encuerada, de espaldas, mostrando su culo redondo a quien lo quisiera ver; yo, con la verga libre de cualquier prenda y parada, le masajeaba las nalgas con el pretexto del bronceador, metiéndole el dedo por el ojete, sin importarme que los meseros y huéspedes se dieran cuenta. Ya para esos momentos, me había ausentado un par de veces argumentando que iba al baño, tardando más tiempo de lo debido, para ver si alguien sele acercaba, y eso fue lo que hice nuevamente, al ver en otro camastro a un hombre que la veía descaradamente y se tocaba la verga parada.
Cuando llegamos ese día a la alberca, él ya estaba ahí broncéandose acostado, totalemente desnudo. Nos impresionó el tamaño de su herramienta, que descansaba sobre su estómago fláccida. Al principio, volteaba discretamente a ver a mi mujer, y nos sonreía amistosamente, pero poco a poco se descaró más, ayudado por el manoseo que le daba a Puta Sexy y por el consentimiento de ésta al ser manoseada delante de todos, hasta que se sentó en el camastro y se quedó viendo el espectáculo ya sin ocultar su excitación...
- Voy al cuarto por unos cigarros, mi amor. Te dejo un ratito con tu admirador...
- Sí, mi vida, aquí te espero...
Cuando regresé, los vi platicando animadamente. Mi esposa mostrándole las tetas y la pucha, con las piernas ligéramente abiertas y él sentado en el camastro que yo había ocupado hasta hace unos minutos. La mano de él sobaba un poco la pierna de mi mujer, a lo que ella no replicaba en lo más mínimo, y alcancé a ver que la verga del huésped estaba completamente erecta; los meseros voltearon a verme con una mirada que me delataba como un Cornudo y con cierto temor a que hubiera un escándalo, pero lejos de eso me acerqué amistoso a saludar...
- Buenas tardes. ¿No me presentas, mi vida?
- Claro, él es Joel, de Guadalajara. Joel, te presento a mi esposo...
- Mucho gusto, Joel, ¿vienes solo?
- Sí, mi esposa se quedó en la casa con los niños. Mucho gusto.
Se le veía un poco nervioso ante mi presencia, aunque mi camaradería le dio pie a seguir acariciando las piernas de mi mujer, quien cada vez estaba más cerca de él. Yo acerqué una silla y me senté frente a ellos, sintiendo como mi palo se iba endureciendo ante la excitante situación. Sehuimos charlando por media hora más de situaciones triviales, mientras veía como la mano del desconocido ya apretaba con descaro las nalgas de mi esposa, quien se acomodaba para facilitarle la tarea...
- Con todo respeto, ¡qué linda está tu esposa y que ricas nalgas tiene! -. La desvergüenza de su comentario me excitó aún más, pero no pude responder porque ella se me adelantó:
- ¿Te gustan, Joel? ¿No las ves demasiado grandes?
- Las veo perfectas y se sienten mejor...
Yo estaba ahí como un Cornudo ante un tipo que manoseaba a mi esposa y le elogiaba las nalgas sin pudor alguno, mientras ella lo aceptaba gustosa y se ofrecía descaradamente. Lo que pasó después vendrá en la siguiente historia... no te la pierdas.
Cuando Óscar se cogió a Puta Sexy
Óscar
El siguiente es un relato enviado por Óscar, un gran amigo nuestro con el que tuvimos la oportunidad de compartir nuestra sexualidad y que nos contactó por medio de un anuncio en Internet. Gracias mil a Óscar por su contribución y lo publicamos como un homenaje a su extraordinaria amistad:
Voy a contarles la ocasión en que tuve el honor y el gusto de conocer a Puta Sexy y al Cornudo; me referiré a ellos con esos términos, porque así les gusta que les llamen. Yo soy Óscar, amigo de ellos, y tuve la oportunidad de conocerlos y ser hoy su gran amigo, garcias a que uno de esos días (diario), checando por ahí en la Web algunas paginas para adultos, como todos los lectores de este relato, vi su anuncio... de entrada, me pareció un poco fantasioso y, hasta cierto punto, increíble, por los términos y las cosas que el Cornudo decía de su esposa: Puta Sexy (y vaya que lo es), pero dentro de mi incredulidad, orillado por la curiosidad y más que nada por la tentación de conocer a la Puta que aparecía en las fotos del anuncio, decidí escribirles y tratar de contactarlos, consciente también de que podría ser uno de esos tantos anuncios falsos. Pero, en fin, nada perdía y si pegaba podía ganar mucho (vamos que gané), por lo que les mandé mi correo, esperando ver qué pasaba...
Al día siguiente revisé mi correo, como de costumbre, y cuál fue mi gran sorpresa que recibí repuesta a mi mensaje: el Cornudo me decía cuándo y dónde podíamos contactarnos, por lo que le respondí de inmediato, citándonos a los dos días en el bar de un hotel al poniente de la Ciudad de México, sobre avenida Revolución, quedando de vernos a las 8 de la noche.
Llegado el día y la hora, ahí estuve puntual. Quiero aclarar que no dejaba de sentir mariposas en el estómago, no sé si de nervios o emoción, de curiosidad o ganas de conocer a la mujer de la foto que, en verdad, lucia unas nalgas y unas piernas de campeonato. En fin ahí estaba a la espera (que la verdad ni esperé), cuando bajé de la habitación que había alquilado desde temprano, directamente al bar, en donde sólo habían tres mesas ocupadas: en una se encontraba un hombre solo, en otra dos hombres y al fondo una pareja que no alcanzaba a distinguir si eran ellos o no. La dama se veía demasiado guapa, muy pero muy buena como para que fuera la pareja que yo esperaba y, como no me hicieron señas ni me hablaron, pensé que no eran Puta Sexy y el Cornudo, por lo que me fui a sentar al restaurante continuo al bar, porque además el Cornudo me había citado en el restaurante, no en el bar y pensé que a la mejor no habían llegado, por lo que decidí esperarlos ahí.
Pensé que ya me habían dejado plantado... venir de tan lejos (yo estaba trabajando en el estado de Guerrero) y todo para nada, pero pensé que ése es el riesgo de obtener las cosas que uno quiere y hay que arriesgar para ganar; eso pensaba cuando sonó el celular y era el Cornudo, preguntándome dónde estaba. Le respondí que los esperaba en el restaurante, donde habíamos quedado, y me dijo que estaban en el bar, a lo que le cuestioné si eran la única pareja en el bar. Cuando me respondió afirmativamente, me levanté de la mesa y me dirigí hacia ellos...
Cuando entré nuevamente en le bar, todavía me parecía increíble que en verdad fueran ellos, sobre todo Puta Sexy, que lucía como tal: llevaba una microfalda negra muy entallada, que dejaba lucir unas piernas hermosas, tersas, rematadas en unas zapatillas clásicas, que la hacían lucir más sensual y como toda una Puta; en la parte superior, una blusa amarilla de tirantes que dejaba entrever claramente sus dos preciosos pechos, frondosos, ricos... se veía de maravilla y me quedé pasmado cuando me presenté ante ella, pero el valor venció a la novedad y a la sorpresa, presentándome como es debido y saludándolos con familiaridad, para despistar a los presentes.
Platicamos de mil cosas. Quiero decirles que, lejos de ser una pareja como muchas, son un par de profesionistas, cultos y preparados, con clase y tema de conversación, por lo que la plática fue amena, arreglamos el mundo, México y el calentamiento global... En el desarrollo de la plática no dejaba de ver las hermosas piernas de Puta Sexy que, con descaro, abría para mi deleite y delante de su Cornudo marido, me las ofrecía para mi calenturienta vista. Mientras tanto, el mesero ponía cara de pen… sando cuándo nos atendía y si nos llevaba los tequilas que, por cierto, me supieron a gloria. Yo estaba muy excitado con el panorama que tenia a la vista, así que, con permiso del Cornudo, discretamente puse una mano sobre las piernas de la putita y la deslicé hasta llegar al centro de su entrepierna, percatándome de que no llevaba ropa interior y su raja ya escurría jugos calientes (muy jugosa, en verdad). Primero le introduje un dedo en su vagina caliente, soltando un suspiro cachondo que me calentó aún mas...
Seguimos platicando y, entre bromas y risas, nos seguíamos agasajando, hasta que llegó el momento de estar más cómodos, pidiéndole al Cornudo que nos fuéramos a mi habitación, por lo que pedimos la cuenta que, por cierto, casi salimos mal... porque a este cabrón del Cornudo no le gusta que le inviten nada y quería pagar. Tuve que arrebatarle la cuenta y, con miles de esfuerzos, me dejó pagarla; total, que nos fuimos a mi habitación.
Ya en el cuarto, Puta Sexy nos avisó que pasaría al baño y yo pensé que era por las copas y que los líquidos la obligaron a ir, pero vaya sorpresa cuando descubrí que ésa no era la razón: salió vestida con un traje blanco como tejido, transparente, que la hacia lucir el doble de buena y cachonda, diciéndome: "Pues ésta soy yo, tu Puta", algo que afirmó el Cornudo al entregármela como si fuera un trofeo. Yo ya estaba desvestido, con la verga bien parada, para que más que la verdad.
Empezó por el cuello y me dio un beso tan caliente y cachondo que me puso a mil, nos besamos y bajé poco a poco a besar todo su cuerpo, recreándome tiernamente con sus ricos y enormes senos, que mamé como bebe, uno a uno, continuando en mi trayectoria hacia abajo, recostándola en la cama y llegando a su entrepierna, cuando recibí la sorpresa más grande de la noche: su monte de venus estaba completamente depilado, pero depilado rico, como si fuera la piel de un bebe, y sus labios vaginales se sentían perfectos, dulces, expelían un aroma que sólo los expertos mamadores sabemos valorar y degustar. Me prendí de ellos, acariciándolos primero con la punta de la lengua y dándole pequeños soplidos con la respiración de mi boca y la nariz, aspirando todo su rico aroma, bebiendo todo su jugo que escurría como una llave de agua que no cierra bien.
Le mamé la concha como 20 minutos, sin exagerar, y el Cornudo feliz la besaba en la boca y acariciaba sus tetas, dándole después su verga para que se la mamara; así alcanzó, sin mentir, como unos tres o cuatro orgasmos grandes, se vació de lo lindo; después, sin aguantar más, me puse el condón y con cuidado lo enfilé a la entrada de su rajita, abriendo sus labios con la mano y empujándola poco a poco, disfrutando plenamente de esa raja caliente que no dejaba de emanar jugos sexuales, bombeándola con dulzura y diciéndole al Cornudo que su esposa era una verdadera Puta y a ella que disfrutara de mi verga, pues para eso era una Puta, nuestra Puta...
Calentándonos aún más con esas palabras, la volteé poniéndola en cuatro, de perrito, y pude disfrutar del panorama más bello del mundo: sus nalgas paradas y ella completamente indefensa, exponiéndome su culo a todo lo que daba, por lo que comencé jugando con un dedo dentro de él, frotándolo y preparándolo para hacerlo mío. Puta Sexy sólo gemía de placer y pedía mas; en verdad es una comeverga caliente, una verdadera Puta... ensalivándole bien el culo, saqué mi verga de su panocha y se la clave en el culo, viendo cómo se la tragaba toda, meneando el culo de una forma fenomenal, alcanzando otro orgasmo. Sentía la gloria y pensé que me arrancaría la verga en la forma que me aprisionaba y meneaba las nalgas, estaba bien caliente y, mientras yo se la clavaba en el culo, el Cornudo le daba a mamar su palo, y así le seguimos dando hasta que el Cornudo dijo: "Llegó el plato fuerte, le haremos un sándwich".
Le preguntamos a Puta Sexy que si quería que se la metiéramos los dos al mismo tiempo, respondiendo que sí sólo con la cabeza, por lo que el Cornudo se recostó debajo de ella, metiéndosela en la raja y yo, como buen invitado de honor, se la clavé en el culo, acompasándonos en el vaivén, hasta que nos venimos los tres. Puta Sexy nos sacó chorros de leche; en verdad, nos deslechó, por lo que le sacamos la verga de sus orificios y la putísima nos las limpió como becerra, dejándolas limpiecitas, para después reposar los tres en la cama, bañarla y retirarnos.
De ahí comenzó una gran amistad: verdadera y sincera. Hoy puedo decirles que somos muy buenos amigos y que Puta sexy siempre está dispuesta para compartirnos entre los tres. Aunque, por razones de trabajo, ahora estoy más lejos, cuando viajo a la Ciudad de México les llamo para vernos y pasar verdaderos momentos de placer desenfrenado. También estamos planeando un gang bang para la putita cachonda, pero ésa será otra historia...
Su amigo incondicional: Óscar.
La primera vez que Puta Sexy me puso los cuernos
El Cornudo
Queríamos salir de viaje. llevábamos poco más de seis meses de casados y no habíamos hecho más que trabajar durante todo ese tiempo, dejando poco espacio para nosotros... Cuando me casé con Puta Sexy, lo hice porque se trataba de una mujer elegante, seria, con un buen nivel cultural y social y, sobre todo, porque estaba (y estoy) profundamente enamorado de ella. Jamás imaginé en lo que se convertiría nuestra vida sexual; al principio, todo era muy "normal". Hacíamos el amor en las poses acostumbradas y, a veces, hasta sentía que Puta Sexy era demasiado recatada o tímida para el sexo: pedía siempre que las luces estuvieran apagadas y, aunque nunca se negó a nada, sus enormes ojos se abrán más cuando le proponía alguna práctica más atrevida de lo habitual.
Y así fue aquella noche. Frente a una botella de vino tinto, en la sala de nuestra casa, le hice la propuesta del viaje. En Internet, había encontrado un hotel, en las playas de Jalisco, que se proclamaba como "clothin optional"; es decir, de "ropa opcional", en el que la gente podía desnudarse o no en sus instalaciones. Era verdaderamente un paraíso: obviamente, era sólo para mayores de 18 años y se componía de poco más de una decena de cabañitas muy acogedoras con terraza y hamacas en cada una de ellas. Tenía una hermosa alberca, restaurantes y bares, gimnasio y dos atractivos jacuzzis empotrados en un risco que desafiaba al mar. "¡Imagínate las vistas!", le dije, procurando desviarme un poco de la desnudez opcional que le sorprendía. Además, tenía una playa virgen privada, pues el hotel estaba acondicionado en medio de la selva, a la que no bajaban más que los huéspedes (el hotel estaba en lo alto, por lo que había que descender por una escalera de piedra para llegar a la playa). Pero lo mejor de todo era una playita pequeña, junto a la principal, a la que sólo se podía entrar cruzando algunas piedras que las dividían, y donde el mismo hotel sugería que los huéspedes podrían hacer lo que les viniera en gana.
Lo de la playita sexy le atrajo, pero inmediatamente me replicó lo de quitarse la ropa frente a tanto desconocido:
-- Me da pena que todos me vean encuerada. No sé si me atreva... --.
--Mi amor, no importa. Como su nombre lo indica, es "opcional". Si no quieres, no te quitas la ropa; pero imagínate la sensación de libertad que se debe de sentir; además, es un concepto diferente que tenemos que probar, y con el culo que tienes, créeme que más de uno va a agradecer que lo muestres.--, le dije mientras le sobaba una nalga.
-- ¿A ti no te importa que otros me vean con lujuria?--.
--¡Me encanta! Eso me demuestra que me casé con una mujer muy hermosa. ¿Tú que sientes cuando te ven así en la calle o cuando te dicen un piropo medio vulgar?--.
--Me incomoda, pero me excita, la verdad. Porque eso quiere decir que les gusto, lo cual me halaga--.
--¡Ahí está! Entonces, vamos. Vas a ver que nos la vamos a pasar muy bien...--.
--OK, pero si no quiero, no me encuero. ¿De acuerdo?--.
--De acuerdo--.
Ya en la carretera iba yo excitadísimo pensando que mi mujer se mostraría como Dios la trajo al mundo ante una bola de desconocidos; desde hace tiempo, me excitaba la posibilidad de mostrar a mi esposa y eso me hacía pensar que era yo una clase de exhibicionista, voyeur o algo así... Lejos de molestarme, me prendía cuando me decía que le decían cosas en la calle, que le agarraban las nalgas en algún transporte público o que algún compañero de trabajo se la comía con la mirada. Por eso, mientras manejaba en la autopista hacia Guadalajara, me divertía sacándole las tetas o subiéndole la falda para que se le viera la pucha. Cuando salimos rumbo a la bahía de Tenacatita, en Jalisco, le pedí que no se pusiera ropa interior y, a regañadientes, pero aceptó. Desde entonces, nos gustó tanto que fuera siempre al natural, que sólo en raras ocasiones utiliza tanga o brassiere, pues casi siempre lleva el culo, las tetas y la pepa al aire...
Era tanta mi ansiedad por llegar, que en la carretera que va de Guadalajara a Colima, me excedí un poco de velocidad y, al poco rato, una patrulla me pidió que me detuviera. Le expliqué al oficial que llevábamos un poco de prisa, que sabía que había cometido un error, pero que por favor me lo pasara por esta vez; él no daba su brazo a torcer, hasta que mi mujer bajó del coche y la mirada del oficial cambió por completo al ver a mi esposa con una micro falda, una blusa que apenas contenía sus hermosos pechos... y nada más.
--¿Es su esposa?--
--Sí, oficial.--
--Buenos días, señora.--
--Buenos días, oficial. No sea malito, perdónenos, ¿sí? Le prometo que no lo volvemos a hacer.--, dijo mi señora con una actitud que no le había visto nunca, coqueteándole descaradamente al policía que sudaba más después de verla caminar hacia nosotros.
--Es que es peligroso, señora. Su esposo iba muy por encima del límite y podrían tener un accidente.--
--Lo sé, oficial. Reconocemos nuestro error, pero denos una oportunidad, por favor.--, suplicó mi esposa que cada vez se le acercaba más al servidor público, ignorándome por completo.
--Es que mi obligación es levantarles la multa y llevarme su licencia o la tarjeta de circulación.--
--¡Ay, no sea así!, ¿de qué manera podemos arreglarlo?--, para ese momento, la blusa casi había descendido hasta mostrar el comienzo de sus pezones, y mi mujer se rascaba distraidamente una pierna, con lo que se levantaba la de por sí pequeñísima falda y hubiera jurado que se le vio un poco de su suculento coño semi rasurado.
--Señora, nosotros sólo hacemos nuestro trabajo. No me ofenda, no podemos aceptar dinero.-- Para ese entonces, el oficial estaba muy nervioso y sudaba copiosamente, ya sin siquiera hacer el intento de disimular las miradas cargadas de morbo que le dirigía a mi señora, quien estaba irreconocible, casi ofreciéndosele al uniformado.
--¿Y quién habló de dinero?--, le espetó con su rostro ya muy cerca de los labios del policía de caminos.
--Bueno. Muéstreme su licencia y tarjeta de circulación, por favor, y a ver qué podemos hacer--, me dijo sin apartar los ojos de las tetas de mi mujer.
Yo estaba pasamado y no sabía si sentir celos, rabia o excitación, porque la verga ya se me había levantado con tanto coqueteo de mi "santa" esposa. Cuando reaccíoné, me disponía a sacar los documentos del coche, pero la Puta en ciernes que tenía por esposa me detuvo, ofreciéndose a traer la licencia y la tarjeta ella misma. Caminó contoneándose al coche, con las miradas de los dos hombres que estábamos ahí clavadas en su hermoso culo, que apenas estaba tapado por la micro falda. Yo no creí lo que hizo a continuación; inocentemente, se agachó para buscar los documentos y pudimos verle más de la mitad del trasero por un largo rato, ya que "no encontraba" la tarjeta de circulación.
--¡Qué linda está su esposa!--, me dijo el policía sin apartar las miradas de los gluteos de mi mujer y tocándose descaradamente la reata por encima del pantalón. Yo no pude más que decir "gracias" y quedarme pasmado, mientras otro hombre se agasajaba con la panorámica del culo de mi esposa que para ese entonces, mostraba casi completo, y cualquiera podía constatar que no llevaba ni siquiera una tanga.
--Se ve que es bien Puta. Con razón le urge llegar a su destino, amigo--. Yo no reclamé cuando se refirió a mi mujer como "Puta", ya que hubiera sido ridículo al ver como enseñaba las nalgas a un desconocido y, por más inocente que fuera, no podía decirse que no se daba cuenta de lo que hacía.
--¿Te ayudo, linda?--, dijo el oficial, acercándose a mi esposa, pero ella se incorporó de inmediato exclamando: "¡Aquí está!", con tanto ímpetu que ahora lo que mostraba era una teta que se le había salido, no sé si al "buscar" la tarjeta o al levantarse con tanta rapidez.
--Permíteme--, señaló el oficial, tomándole descaradamente el seno y cubriéndolo nuevamente con la blusa. Pensé que mi esposa reccionaría molesta, pero sólo le dijo "gracias", ya convertida en una Puta descarada.
--Creo que sí lo vamos a poder arreglar--, aseguró el oficial, sin ver siquiera la tarjeta de circulación y tomando a mi esposa por la cintura descaradamente. Yo no creía lo que veía: mi esposa accedía a todo y ni siquiera volteaba a verme, mientras el oficial ya tuteaba a mi esposa y la tocaba sin la menor preocupación. Pero más me asombré cuando mi esposa le preguntó al policía:
--Bueno, ¿qué podemos hacer para que no nos ponga una multa y nos deje seguir el camino?--
--Mira, ricura. Muéstrame otra vez esas nalgotas que tienes y te digo cómo se puede solucionar--. Mi mujer se volteó lentamente, se recargó en el coche y, con un diestro movimiento al bajar el cierre de la micro falda, la dejó caer, quedando completamente encuerada de la cintura para abajo. El oficial se acercó y empezó a magrearle las nalgas como si se tratara de una res, mientras mi esposa, en lugar de apartarse, se empinaba más dando pequeños gemidos de placer.
--¡Qué rica cola tienes putita! Si me chupas el pito delante del Cornudo de tu esposo, los dejo ir, pero tienes que hacerlo como la piruja que eres. Quiero ver mi leche escurriendo hasta tus tetas. Y sácate la blusa, quiero verte completamente encuerada mientras me la mamas.--
En ese momento, la que me costaba trabajo reconocer como mi señora se quitó la blusa lentamente, lo que su proyecto de picador aprovechó para tocarle las tetas, quedando totalemente desnuda en medio de la carretera. El oficial la tomó de la mano y la llevó detrás de un arbusto, donde los automovilistas no podían ver muy bien lo que pasaba; no por mi mujer, que a estas alturas le importaba poco lo que los demás vieran, sino por el policía que no quería meterse en problemas. Yo los seguí sobándome el palo ante el espectáculo que tenía delante, que era de lo más erótico: un oficial de caminos completamente uniformado, caminando tomado de la mano de mi mujer, quien no tenía puesto más que los zapatos.
--Cornudo--, me dijo el policía, como si a partir de ese momento ése fuera mi nombre de pila. --Fíjate si pasa otra patrulla y me avisas luego luego. Puedes ver como la golfa de tu esposa me la chupa, pero estate alerta, por favor--. Dicho esto, se abrazaron ignorándome por completo y se besaban en la boca, mientras veía como las nalgas de mi putona esposa cambiaban de forma ante las embestidas de las manos del oficial. Ella me volteaba a ver con cara de zorra, como preguntándome si me gustaba lo que veía, sonriente de que ya me había sacado la verga y me la jalaba ante el espectáculo que me regalaba la putota con la que me casé y un desconocido.
--¿Te gusta cómo manoseo a tu esposa, Cornudo? ¿Te gusta cómo otro se agasaja con el cuerpo de esta perra, mientras te la jalas?--.
--Sí, me encanta--, dije tímidamente, mientras la zorra de mi mujer le desabrochaba el cinturón al oficial.
--¡Te felicito, Cornudo! Mira con la Puta que te casaste, hasta nerviosa se pone tratando de sacarme la verga, sin importarle que su marido vea como se emputece. Dile al Cornudo de tu marido cómo lo disfrutas, dile lo Puta que eres, nalgona...--.
--Ay, mi amor. ¡Qué rico me toca este oficial! Soy una Puta y tengo muchas ganas de lengüetearle los huevos. ¿Me das permiso? ¿Se la puedo mamar hasta que le explote en mi cara?--.
--Sí, mi vida. Chúpasela--, dije sin poder entender hasta dónde habíamos llegado. A ella ya no le importaba nada y se había convertido en otra persona, como si tuviera otra personalidad que había luchado por salir y hasta ahora veía la luz. ¡Y a mí me gustaba verla ofrecida como una piruja, delante mío!
Por fin, liberó el tronco del policía, una verga curva totalmente erecta que hasta chicoteó en su estómago cuando salió del calzón; mi putona esposa se arrodilló ante aquel aparato de unos 20 centímetros, circuncidado y que asomaba una gota transparente de lubricante en la cabeza. Puta Sexy lo veía con verdadera veneración, a pocos milímetros de su cara, lo chaqueteaba lentamente con una mano y, con la otra, sobaba sus huevos, que colgaban de una bolsa larga. Primero le dio un beso en la cabeza y me miró nuevamente pero, al voltear la cabeza hacia mí, la gota de lubricante formó un hilo que colgaba entre el cipote del oficial y los labios de mi mujer, lo cual me excitó de sobremanera, exclamando: "¡Qué Puta eres!".
--Sí, es toda una Puta y ahorita es mi Puta, Cornudo, que va a pagar con una mamada tu exceso de velocidad. ¡Trágatela, cerda! Paga las deudas de tu marido con esa boquita de mamadora que tienes. ¡Fíjate, Cornudo! La multa es como de $400 pesos, que es la tarifa de esta perra por una mamada. Mira como sonríe, se ve que no le cuesta ningún trabajo y que le encanta que le digan obscenidades delante de ti, ¿verdad, putita?
--Sí, oficial--, le dijo la muy zorra. --Me fascina que me digan Puta y que me traten como tal delante del Cornudo de mi marido, y más cuando el corneador la tiene tan sabrosa como usted--.
No acabó de decirlo, cuando el uniformado, que ya tenía los pantalones hasta el suelo, la tomó del pelo y la acercó a su tolete. Ella, obediente, comenzó a lamerlo de arriba a abajo, sin metérselo en la boca... todavía, como si fuera una paleta helada, aunque se podía ver lo caliente de aquella herramienta. El lubricante de mi corneador y la saliva de Puta Sexy se confundían mientras la lamía, y lo primero que se introdujo en la boca fue un testículo que saboreaba como si se lo quisiera comer... luego el otro. Mientras tanto, el oficial se la jalaba y no paraba de elogiar el culo y las tetas de mi esposa, que con una mano se sobaba el clítoris para darse placer.
--Quiero que tu marido vea hasta donde te la comes. ¡Métetela toda, piruja!--.
--¿Me das permiso de tragármela hasta la garganta, corazón?--, me dijo Puta Sexy con una inocencia contradictoria, mientras le escurría lubricante por la barbilla. --Es que la tiene deliciosa y quiero probarla toda. Ni modo, te casaste con una Puta, Cornudo, y por lo que veo te encanta que me entregue a otros--.
--Sí, cómetela hasta los huevos, mi vida. Dale placer al oficial y paga, como buena Puta, la multa que nos iba a poner--.
No esperó más y, con verdadera maestría, vi cómo iba desapareciendo aquella vara de carne entre los labios de mi mujer, que entrecerraba los ojos y se seguía dedeando, ahora con mayor fruición. Ya sólo se veían las bolas del policía colgando, pues toda la reata descansaba sobre la lengua de mi Puta esposa y, seguramente, golpeaba su garganta y la llenaba de líquido seminal. El oficial la tomó de los cabellos y empezó a cogérsela por la boca. Mi esposa no se movía, sólo abría la boca lo más que podía para ser fornicada por ahí, mientras el uniformado se la metía y sacaba una y otra vez, como si se la estuviera follando por el culo. De pronto se salía y la piruja, sin el mayor asomo de pudor, la buscaba desesperada con la boca, para volver a introducírsela hasta adentro de la garganta. El éxtasis se acercaba, pues mi esposa le chaqueteaba el pepino con asombrosa rapidez, mientras el oficial gemía y le pellizcaba los pezones...
--Ahí te van los mecos, perra. Quiero ver cómo te resbalan hasta las tetas, y ni se te ocurra limpiarte...--.
--Dámelos todos, por favor. Vente encima de tu Puta--.
Caundo explotó su verga, mi mujer sacaba la lengua como si se tratara del manjar más exquisito del mundo. Una exagerada cantidad de leche le cubrió todo el rostro y Puta Sexy aprovechó para comer un poco de ella, mientras el oficial se sacudía las últimas gotas en su cara y la cacheteaba con el tolete por toda la cara.
-- ¡Uy, qué rico la mamas Puta! Eres toda una experta--, exclamó el policía aún con los últimos espasmos de su chorreada, mientras mi esposa se incorporaba sin dejar de sobarle los tenates, como queriendo sacar hasta lo último de esa verga curva. Así, encuerada como estaba, caminó hasta el coche con lentitud, sin importarle un comino que la vieran los automovilistas que pasaban y agradeciendo con una sonrisa las cerdadas que le gritaban. Varios bajaron la velocidad para verla bien, mientras se vestía mucho más lentamente que de costumbre y no se detenían, sólo porque veían la patrulla estacionada y no querían meterse en problemas. Por fin, tenía puestas nuevamente la blusa y la microfalda, cuando el oficial se acercó recompuesto y con los pantalones en su lugar.
--Bueno, pues sigan su camino con cuidado. Hay muchos accidentes en la carretera y las posibilidades se acrecentan cuando aumenta la velocidad. Tengan cuidado, por favor--.
Ante esas palabras, nuevamente amables y educadas del policía, hubiera pensado que todo fue un espejismo, si no fuera por la mano descarada en las nalgas de mi mujer y su cara repleta de mecos que le escurrían entre las tetas y por la ropa, y que de vez en cuando lamía comiéndose algunos con placer explícito. Se subió a la patrulla y se marchó con una señal de mano que nos decía adiós. Fue entonces como, en silencio, subimos al coche. La perra de mi mujer se limpiaba con la mano la venida del oficial y se comía los mecos que se iba limpiando, hasta que quedó sin una gota. Íbamos en silencio, hasta que un poco después le aseveré:
--¡Eres una Puta!--.
--¿Te molesta?--.
--¡Me encanta!--, le dije con sinceridad.
--Bueno, pues de aquí en adelante soy tu esposa, pero también seré la Puta de todos y mi culo es público a partir de hoy. ¿Te parece bien?--.
--Muy bien, amor--, y me dio un beso con sabor amargo, muestra del inicio de su putería que tendría muchas más aventuras a partir de ese día.
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